Esta obra clásica de la literatura alquímica, aunque breve y de carácter sintético, ofrece indicaciones precisas acerca de la composición, las propiedades y el lugar donde puede encontrarse nuestro Sujeto.
El lector experimentado advertirá de inmediato el sentido de la recomendación que invita a buscarlo en una sustancia carente de valor, completamente vil a los ojos del vulgo. Tal indicación recuerda inevitablemente las palabras de Morienus, quien afirmaba que la materia de los filósofos “se esparce por las calles y se pisa en el estiércol”.
He ahí, para quien sabe comprender el lenguaje de los sabios, una de las pistas más elocuentes acerca de la verdadera materia del Arte. Pues aquello que el mundo desprecia y abandona suele ocultar, bajo su apariencia miserable, el principio mismo que el alquimista debe aprender a reconocer y a trabajar.
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