Publicado en 1610, Medicina Universalis recoge la búsqueda de Johann Wolfgang Dienheim de un remedio capaz de favorecer la curación de toda...




Publicado en 1610, Medicina Universalis recoge la búsqueda de Johann Wolfgang Dienheim de un remedio capaz de favorecer la curación de todas las enfermedades. Su interpretación de la Tabla Esmeralda sitúa el agua de lluvia y los cuatro elementos en el centro del misterio alquímico. Entre medicina, filosofía natural y simbolismo antiguo, el tratado culmina con su testimonio sobre Alexander Seton y una supuesta transmutación de plomo en oro.


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Metallographia: or, An History of Metals es una obra de John Webster, publicada en Londres en 1671, que ocupa un lugar singular entre la mi...



Metallographia: or, An History of Metals es una obra de John Webster, publicada en Londres en 1671, que ocupa un lugar singular entre la mineralogía práctica del siglo XVII y la alquimia. 

Webster no escribe únicamente un tratado para reconocer minerales: intenta comprender cómo nacen los metales, qué principios se esconden en ellos y hasta dónde puede el arte químico llevar su transformación. El propio autor explica que reunió conocimientos procedentes de autores griegos, latinos y alemanes, junto con observaciones propias. Su propósito declarado es acercar al lector inglés conocimientos que estaban dispersos en numerosos tratados y lenguas, aunque reconoce abiertamente que gran parte del libro es una compilación crítica. 
 
La obra comienza examinando la antigüedad y utilidad del conocimiento mineral y metalúrgico. Webster se interesa después por una cuestión fundamental para la filosofía natural de su tiempo: si los metales simplemente permanecen en la tierra o si realmente nacen, crecen y maduran en ella. De ahí pasa a estudiar las causas de su generación, las matrices minerales y los indicios externos e internos que permitirían localizar una veta. 

A partir de allí el libro se convierte prácticamente en una enciclopedia del reino mineral. Webster dedica capítulos independientes al oro, plata, cobre, hierro, plomo y estaño, describiendo sus minerales, vetas, colores, matrices, métodos de extracción y purificación. También estudia mercurio, cinabrio, antimonio, bismuto, zinc, cobalto, galena, pirita, marcasita, hematita, magnetita y otras sustancias minerales. 
 
Pero aproximadamente por debajo de esta Metallographia práctica corre un segundo libro mucho más misterioso. Webster introduce deliberadamente las doctrinas de Paracelso, Van Helmont, Sendivogius y otros autores adeptistas y se pregunta qué significan realmente expresiones como Oro de los Filósofos, Mercurio Filosófico, Alkahest, Aurum Potabile y Tintura. El propio prefacio reconoce que se adentra en algunos de los asuntos más elevados de la “química mística. 
 
En pocas palabras, Metallographia es simultáneamente manual de minería, tratado de mineralogía, historia de los metales y pesquisa sobre el lenguaje secreto de los alquimistas. Su pregunta más profunda no es cómo fabricar oro, sino algo mucho más interesante: ¿qué es realmente un metal cuando logramos despojarlo de todo aquello que no pertenece a su naturaleza más íntima?


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Es interesante encontrar, tiempo después de haber escrito ¿Sueñan los gatos grises con alquimistas trabajando? , este opúsculo de Glauber, e...




Es interesante encontrar, tiempo después de haber escrito ¿Sueñan los gatos grises con alquimistas trabajando?, este opúsculo de Glauber, en el que el autor enseña cuál es el agente universal de los metales. Su lectura conduce inevitablemente a la hipótesis que esgrimí en aquel libro y la vuelve, a mis ojos, una realidad todavía más palpable y, sobre todo, verificable mediante la experiencia.

Pero Glauber no se limita a revelarnos ese agente. También dirige nuestra atención hacia la materia en la que deberíamos concentrar nuestros esfuerzos, apoyándose tanto en las enseñanzas de diversos autores como en su propia experiencia. Y, como magnífico colofón, nos muestra la preparación de aquello que denomina oro potable y de la Piedra llevada finalmente a la apariencia de una cera roja.

Es, además, un libro que me resulta particularmente emotivo. Glauber comienza relatándonos cómo vivía prácticamente solo en una gran casa de Ámsterdam, enteramente consagrado a sus experimentos, mientras ciertas personas malintencionadas hacían cuanto estaba a su alcance para perjudicarlo y destruir su trabajo. Hay algo profundamente simbólico en ese episodio. Nos recuerda una vieja advertencia que parece acompañar desde siempre a quienes emprenden esta búsqueda: cuando el hombre se aproxima a la Piedra Filosofal, el diablo hará cuanto pueda por extraviarlo del camino.

Por todo ello, no puedo sino recomendar vivamente este pequeño libro. Más allá de sus enseñanzas, se percibe en sus páginas la voluntad de un hombre por transmitir aquello que consideraba verdadero y valioso. Y esa generosidad, especialmente en una materia cuyos autores acostumbraron a cubrir sus secretos con velos y enigmas, merece mi reconocimiento y mi más sincero elogio.





Un libro profundo, evocador y deliberadamente reservado , en el que el autor, más que detenerse a relatar sus propias experiencias, prefiere...



Un libro profundo, evocador y deliberadamente reservado, en el que el autor, más que detenerse a relatar sus propias experiencias, prefiere ceder la palabra a los antiguos maestros. En cada momento decisivo de la Obra, recurre a sus autoridades, enlazando citas y enseñanzas como si quisiera demostrar que el camino descrito no le pertenece a él, sino a una tradición mucho más antigua que simplemente se limita a custodiar y transmitir.




Una obra ilustrada al más puro espíritu del Splendor Solis , donde imágenes, símbolos y alegorías herméticas se despliegan alrededor de una ...




Una obra ilustrada al más puro espíritu del Splendor Solis, donde imágenes, símbolos y alegorías herméticas se despliegan alrededor de una figura primordial: el Ouroboros. La serpiente que se consume y renace de sí misma se convierte aquí en la clave de un recorrido por los secretos de la transformación alquímica.




En tiempos de Cyliani, este breve tratado pasó casi inadvertido. Y fue, sin duda, una injusticia, pues sus escasas páginas encierran un caud...




En tiempos de Cyliani, este breve tratado pasó casi inadvertido. Y fue, sin duda, una injusticia, pues sus escasas páginas encierran un caudal de conocimientos que difícilmente podría provenir de alguien ajeno a la práctica del Arte. Todo invita a pensar que su autor hablaba desde la experiencia de un verdadero adepto. Se trata de una obra sorprendentemente audaz. Allí donde otros autores se ocultan tras espesos velos alegóricos, éste se permite decir mucho más de lo habitual. Sus enseñanzas presentan notables afinidades con las de Marsciano, Recreaciones Herméticas, y tantos otros autores,  y desarrollan una línea de razonamiento de extraordinaria coherencia, cuya fuerza lógica invita al lector a replantearse muchas de las interpretaciones tradicionales de la Gran Obra.



Se trata de un tratado breve, pero de una extraordinaria densidad filosófica. En sus páginas se condensan algunos de los principios fundamen...






Se trata de un tratado breve, pero de una extraordinaria densidad filosófica. En sus páginas se condensan algunos de los principios fundamentales del Arte, aquellos que ningún alquimista debería olvidar, pues son los que dan sentido a la búsqueda. Sin ellos, la Gran Obra corre el riesgo de reducirse a una mera sucesión de operaciones químicas, desprovistas del espíritu que distingue al verdadero filósofo del simple operador.







Este breve tratado de 1863 aborda una cuestión poco frecuente dentro de la literatura alquímica: la importancia del lugar donde se realizan ...



Este breve tratado de 1863 aborda una cuestión poco frecuente dentro de la literatura alquímica: la importancia del lugar donde se realizan las operaciones. Su autor sostiene que determinadas influencias o principios aéreos sólo pueden captarse en emplazamientos específicos, razón por la cual señala ciertos lugares de peregrinación como especialmente propicios para los trabajos del Arte. Asimismo, concede un papel destacado a las regiones volcánicas, que considera ámbitos privilegiados para la continuidad y el desarrollo de la tradición alquímica.



Este breve opúsculo nos introduce en algunas de las operaciones fundamentales de la Gran Obra. Su autor ocupa un lugar destacado entre los c...




Este breve opúsculo nos introduce en algunas de las operaciones fundamentales de la Gran Obra. Su autor ocupa un lugar destacado entre los clásicos de la literatura alquímica y, por ello, su lectura resulta prácticamente obligada para todo estudioso del Arte. No obstante, el lector no debe esperar largas explicaciones ni desarrollos detallados: fiel al estilo de los antiguos filósofos, el autor expone sus enseñanzas con brevedad, dejando que sea la reflexión y la experiencia las que completen aquello que el texto apenas insinúa.


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Esta obra nos introduce en uno de los aspectos más profundos de la Gran Obra: la fermentación y los procesos que conducen a la maduración de...




Esta obra nos introduce en uno de los aspectos más profundos de la Gran Obra: la fermentación y los procesos que conducen a la maduración de la materia filosófica. A la riqueza de su exposición se suma un texto rebosante de filosofía hermética, donde la práctica y la especulación se entrelazan de manera admirable. El manuscrito se encuentra acompañado por una magnífica serie de láminas alegóricas, bellamente ilustradas, que no sólo enriquecen su lectura, sino que constituyen una parte esencial de su enseñanza. Son precisamente esas láminas las que hemos escogido para ilustrar la portada de esta edición.

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Este tratado no es un libro más dentro del vasto corpus alquímico. Su autor fue citado con profundo respeto por numerosos maestros del Arte,...




Este tratado no es un libro más dentro del vasto corpus alquímico. Su autor fue citado con profundo respeto por numerosos maestros del Arte, quienes lo reconocieron como un verdadero adepto. Desde Johan Ferdinand von Frydau, en su Luz de la Luz, Hermética Victoria de Hermann Fictuld, hasta el conde Bernardo Trevisano, son varios los filósofos que remiten a esta obra como un modelo digno de estudio y meditación. 

Sin embargo, es al adentrarnos en sus páginas cuando descubrimos lo verdaderamente extraordinario. Tras el inevitable velo alegórico con que protege su enseñanza, el proceso que describe guarda una sorprendente afinidad con el expuesto por el anónimo autor de las Recreaciones Herméticas. Los alambiques dejan de ocupar el centro de la escena; desaparecen los grandes hornos de fusión y las complejas operaciones metalúrgicas. En su lugar aparece una materia sencilla, saturada del Espíritu Universal, con la cual el autor afirma que puede realizarse toda la Obra en un solo recipiente. El viejo axioma de «una materia, un vaso y un fuego» cobra aquí un sentido completamente nuevo. 
 
Por primera vez encontramos una explicación que ilumina las célebres palabras de Morienus cuando afirmaba que la materia se hallaba en el hombre y muy próxima a él. El autor expone con una claridad poco frecuente cuál es ese sujeto remoto que debe escoger el filósofo para iniciar sus trabajos, alejándose deliberadamente de la obsesión por los metales que caracteriza a tantos otros tratados. 
 
Por la importancia de estas enseñanzas, dediqué a esta traducción una atención especial, procurando respetar cada matiz del texto original y acompañando esa labor con una edición cuidada hasta el menor detalle. Confío en que esta obra ocupe el lugar que merece en vuestra biblioteca hermética y, sobre todo, que su lectura despierte en vosotros el mismo asombro que despertó en mí la primera vez que tuve el privilegio de recorrer sus páginas.











Este tratado, al igual que la Victoria Hermética de Hermann Fictuld, nos conduce muy lejos del camino habitual de los minerales, los metale...




Este tratado, al igual que la Victoria Hermética de Hermann Fictuld, nos conduce muy lejos del camino habitual de los minerales, los metales y de toda materia claramente especificada. Su propósito se acerca mucho más al de las Recreaciones Herméticas o al del Fósforo Hermético: orientar al investigador hacia una sustancia todavía innominada, una materia tan común como ignorada, cuya verdadera naturaleza permanece oculta bajo el velo de las alegorías. Para muchos, la existencia de semejante materia resulta sencillamente inadmisible. Sin embargo, son numerosos los autores que sostienen lo contrario y afirman haberla encontrado en una sustancia extraordinariamente sencilla. No me refiero a un imán ni a ninguna otra materia que la tradición haya señalado repetidas veces, sino a algo mucho más singular y, precisamente por ello, más difícil de advertir. La principal enseñanza de esta obra consiste, en mi opinión, en obligarnos a replantear la dependencia casi exclusiva de los metales y minerales como materias de la Gran Obra. Nos invita a dirigir la mirada hacia otro lugar, allí donde los filósofos aseguraban que se ocultaba el verdadero sujeto del Arte, tan cercano al hombre que, por su misma proximidad, suele pasar completamente inadvertido.


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