Este texto, cuya traducción se remonta a un manuscrito del siglo VII , constituye uno de los cimientos sobre los cuales se edificaron numero...

Manuscrito de San Dunstan



Este texto, cuya traducción se remonta a un manuscrito del siglo VII, constituye uno de los cimientos sobre los cuales se edificaron numerosos trabajos posteriores de la tradición alquímica. De él bebieron, directa o indirectamente, George Ripley y más tarde su discípulo Thomas Norton, quienes desarrollaron en sus escritos varios de los principios aquí apenas insinuados.

En tiempos más recientes, ciertos aspectos de esta tradición —sobre todo en lo que concierne a su alcance medicinal— han sido parcialmente esclarecidos por el alquimista contemporáneo Lynn Osburn. Sin embargo, aun a la luz de estas interpretaciones modernas, persisten secretos que este antiguo manuscrito deja entrever con una claridad sorprendente.

Lo que aquí se expone es, en esencia, una vía accesible, destinada no a príncipes ni a laboratorios fastuosos, sino al hombre sencillo: una obra para pobres y para ricos por igual, fundada en una materia humilde que se encuentra en todas partes y en todo lugar. De ella —según enseña la tradición— se extraen nuestro Sol y nuestra Luna, es decir, los dos principios fundamentales de la filosofía hermética.

El tratado describe el camino breve, el arte de fermentar la materia filosófica, y la manera de volver volátil lo que la naturaleza había fijado, operaciones todas que constituyen el corazón mismo de la práctica alquímica.

Entre los numerosos manuscritos que hemos tenido ocasión de traducir, estamos convencidos de que este pequeño opúsculo encierra uno de los secretos más profundos del llamado trabajo de los pobres. Por primera vez se presenta aquí traducido íntegramente del antiguo latín al español, permitiendo que el lector moderno acceda a una enseñanza que, durante siglos, permaneció reservada a unos pocos iniciados.




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