Este texto, fechado en 1652, vuelve a orientar al lector hacia los metales como la mena en la que conviene buscar la materia prima destinada a la elaboración de la Piedra Filosofal. No obstante, el autor deja caer, para quien sepa advertirlo, un detalle particularmente sugestivo acerca de esa materia —un indicio que, por su naturaleza, prefiero no desarrollar aquí.
La obra adopta la forma clásica del diálogo filosófico: dos alquimistas conversan y, a través de sus preguntas y respuestas, se esclarecen diversos aspectos de la operatoria, siempre apoyados en los principios de la naturaleza. Este recurso literario, tan apreciado por los antiguos, permite al autor avanzar gradualmente desde las dudas del principiante hasta las certezas del filósofo experimentado.
En el curso de la conversación se pone también de manifiesto el motivo de los numerosos velos que cubren la literatura hermética. Los engaños deliberados de los artistas —destinados a preservar el secreto— se revelan aquí como una débil pero perceptible luz solar que se filtra entre un cielo cargado de nubes.
De este modo, el tratado sugiere una idea fundamental de la filosofía natural: que lo invisible ejerce su influencia sobre lo visible, y que de esa correspondencia secreta nace la generación que tanto anhela el operador del Arte

0 Reviews:
Publicar un comentario