«Este libro es muy especial; no existe otro semejante en el mundo. Úsalo, y no permitas que nadie conozca su contenido. Si no lo haces así, la diestra de Dios será vengativa. Este libro vale más que la vida misma. Si llegases a perderlo todo, no olvides conservarlo, porque con él podrás recuperar cuanto hayas perdido.»
Con estas palabras solemnes concluye el capítulo final de esta obra singular, cuya traducción exigió a Mejnour varios años de paciente labor.
Nos hallamos ante una pieza de trabajo rosacruz de extraordinario alcance, uno de esos textos compuestos deliberadamente para ser comprendidos sólo por aquellos que saben distinguir lo esencial de lo accesorio. El lector encontrará en sus páginas una mezcla sorprendente: recetas variadas, prácticas de teúrgia, observaciones filosóficas y no pocas afirmaciones que, a primera vista, podrían parecer francamente extravagantes.
Sin embargo, como ocurre en los verdaderos libros herméticos, la clave no se encuentra en la superficie. Bajo ese tejido de afirmaciones heterogéneas late un núcleo mucho más profundo. Allí se insinúa la obra verdadera, su modo de ejecución, la materia prima, y un procedimiento que, leído con discernimiento, conduce discretamente hacia la fuente misma de la Piedra Filosofal.
Entre las afirmaciones más sorprendentes se describen métodos para regenerar el cuerpo humano, procedimientos para capturar la imagen de un ser mediante espejos, e incluso la fabricación del célebre homúnculo, ese artificio vital que fascinó a tantos filósofos naturales del pasado. Pero estas curiosidades, que tanto atraen la imaginación, no constituyen el corazón del tratado.
Porque, entre líneas, el autor revela algo mucho más precioso: la preparación del Elixir de Vida a partir de cierta materia, el arte de exaltar el oro, la manera de obtener el verdadero Oro Potable, y las reglas relativas a los tiempos y momentos propicios para la operación. El filósofo insiste en que el trabajo no puede emprenderse arbitrariamente, pues toda operación realizada fuera del favor planetario resulta estéril, como si la naturaleza misma se negara a cooperar.
Así, bajo el velo de lo maravilloso y lo aparentemente fantástico, el libro conserva una enseñanza operativa de gran profundidad, destinada a quienes sepan leer no sólo lo que el autor escribe, sino también lo que deliberadamente ha preferido callar.

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