Vías que emplean fuego vulgar y otras que prescinden enteramente de él; operaciones realizadas con minerales, con metales, con vegetales e incluso con aquellas materias despreciadas que los filósofos nunca desdeñaron; métodos de captura del Espíritu Universal, la preparación del Pulvis Solaris, y un larguísimo etcétera (*) forman el tejido de este libro, fruto de muchos años de examen paciente y de innumerables procesos en los que me vi personalmente comprometido.
Estas páginas no presentan una doctrina aislada ni una especulación nacida en el retiro del estudio. Antes bien, reúnen y confrontan diversos caminos del Arte, examinados con el rigor que sólo concede la práctica continuada. De esta confrontación emerge, poco a poco, el núcleo esencial de nuestra materia, ese descubrimiento tan simple como devastador que sólo puede revelarse tras años de trabajo sistemático, observación reiterada y comparación entre métodos aparentemente dispares.
No he estado solo en esta empresa. A lo largo de este recorrido me acompañaron, de manera discreta pero decisiva, alquimistas amigos, cuya experiencia, sumada a la mía, permitió iluminar muchos puntos oscuros y descartar no pocos errores que la tradición había perpetuado.
Así, después de atravesar un verdadero laberinto de procesos, materias y teorías, la sustancia buscada termina por aparecer ante nuestros ojos con una evidencia casi desconcertante. Entonces comprendemos que siempre estuvo allí, esperando ser reconocida, y que es con ella —y sólo con ella— con la que debe emprenderse la verdadera obra.
Confieso que este libro es el más severo, crítico y tenaz de cuantos he escrito. En él he procurado consignar mis observaciones directas sin complacencias ni artificios, dejando a un lado, en la medida de lo posible, los velos retóricos que tanto abundan en la literatura hermética.
Porque aquí, más que insinuar, me he propuesto señalar, y revelar —con la prudencia que el tema exige, pero sin rodeos innecesarios— la materia central de nuestra operatoria.

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