Esta obra fue impresa por primera vez en latín hacia el año 1600, y conoció varias ediciones a lo largo del siglo XVII. Según mis investigaciones, pese a su brevedad, constituyó una fuente de notable influencia para numerosos alquimistas ingleses que bebieron de sus páginas.
El propio Fulcanelli la menciona en diversas ocasiones, y también aparece citada por el alquimista Alexandre-Toussaint de Limojon de Saint-Didier, lo que da cuenta de la estima en que fue tenida dentro de la tradición hermética.
El texto refleja, además, los pesares y desvelos de su autor: habiendo llegado a reconocer la materia, no logró, sin embargo, arrancarle su secreto hasta comprender plenamente el proceso que debía aplicarse sobre ella. En ese itinerario —hecho de intuiciones, errores y descubrimientos— se halla quizá uno de los mayores valores de este breve pero significativo tratado.

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