Este manuscrito, fundamental para los amantes de la Ciencia de Hermes, posee un valor singular para el lector experimentado, pues deja entrever —con la discreción propia de los verdaderos filósofos— la materia sobre la cual deben reposar nuestros trabajos. El autor no la nombra de forma directa; más bien la señala mediante una sutileza que sólo quienes conocen el verdadero nombre del sujeto pueden reconocer como una traza o indicio de su presencia.
Aun así, el texto ofrece otra vía de comprensión. A través de una serie de grabados en color, cuidadosamente dispuestos, conduce al lector hacia la intuición de aquello que los antiguos velaron bajo la figura de nuestro Dragón, símbolo del sujeto primero de la Obra.
Nos encontramos, en efecto, ante uno de los escritos más célebres donde aparece indicado el Corpus —el cuerpo o fundamento— sobre el cual debe operarse para la elaboración de la Piedra Filosofal. Y no se trata de un autor menor: la tradición atribuye estas páginas a Basil Valentine, el mismo filósofo a quien se debe el famoso Currus Triumphalis Antimonii.
Con tales credenciales, poco más podría añadirse para justificar la presencia de esta obra en la biblioteca de todo estudioso serio del Arte.

0 Reviews:
Publicar un comentario