Siempre se lo asoció al racionalismo más radical. A los pensamientos profundos de todo filósofo obsesionado con lo abstracto de la mente. Si...

El proceso oculto de Helvetius y el adepto "fundidor de latón" visto por Spinoza





Siempre se lo asoció al racionalismo más radical. A los pensamientos profundos de todo filósofo obsesionado con lo abstracto de la mente. Sin embargo, como decía precedentemente, fue un científico y de las cartas que mantuvo con Robert Boyle se desprende que estaba empapado en las operaciones de la química. 

Spinoza dominaba el método científico en auge y se apoyaba en la experimentación para comprobar ciertas aseveraciones. Cuando la noche del 17 de enero de 1667 Johannes Friedrich Schweitzer convirtió una pequeña cantidad de plomo en oro en un crisol, años más tarde lo afirmaría en sus papeles escritos en latín (Vitulus Aureus quem Mundus Adurat et Orat (Ámsterdam, 1667).), firmándolos como Helvetius, y diciendo que aquello sucedió en La Haya. 

La noticia llegó a oídos de Spinoza. 

Esto lo sabemos por una carta que Spinoza envió a su amigo Jellesz fechada el 27 de marzo de 1667. Pero antes necesitamos algo de contexto. 

Heinrich Oldenburg era un alemán de Bremen con una amplia formación en teología, latín y ciencias que decidió establecerse en Inglaterra, donde contaba con una amplia red de contactos y amigos. Había dejado en el continente también numerosos conocidos relevantes. A principios de la década de 1660 se unió a un grupo de individuos que solían reunirse en el Gresham College para realizar “investigaciones experimentales sobre los secretos de la Naturaleza”. 

Oldenburg se convirtió en un miembro activo de este club y, cuando se formó la Royal Society en 1662, fue nombrado secretario. Entre sus funciones estarían la de mantener la correspondencia entre la Sociedad y sus homólogas en el continente y recopilar información y datos sobre los investigadores en el extranjero y sus resultados. 

Poco antes de asumir el cargo, Oldenburg había conocido a Spinoza en Amsterdam. Desde ese momento mantuvo correspondencia con el filósofo de forma regular. De este intercambio se conocen varias cartas, pero sólo tres nos interesan ahora. 
 
En ellas Spinoza muestra un conocimiento y una competencia sobresalientes en química. Estas cartas son un intercambio de opiniones entre Robert Boyle (miembro de la Royal Society) y Spinoza, con la mediación de Oldenburg, respecto de unos textos de Boyle que el propio secretario había enviado a Spinoza en el otoño de 1661: una copia en latín (Spinoza no leía inglés) de “algunos ensayos fisiológicos”, entre ellos el Ensayo sobre el nitro

Según Oldenburg, Boyle había escrito estos ensayos para “mostrar la utilidad de la química para confirmar los principios mecánicos de la filosofía”. Éste era, precisamente, el punto principal de la discusión. 

Robert Boyle es considerado uno de los padres de la química moderna. En El químico escéptico distingue entre elemento y compuesto cuando todavía era común hacer referencia a los cuatro elementos aristotélicos tradicionales y a los tres principios alquímicos (azufre, sal y mercurio). 



En el Ensayo sobre el nitro su objetivo era demostrar experimentalmente que las características distintivas del nitro y sus constituyentes (sabor, olor, etc.) y, en general, las de cualquier sustancia, podían explicarse por las diferencias de forma, tamaño, relación y movimiento de sus partículas. Spinoza coincide con esta explicación corpuscular. Sin embargo, dice que el hecho de que la Naturaleza funcione únicamente según la filosofía mecánica es algo que no se puede demostrar experimentalmente sino únicamente mediante el intelecto, como habían demostrado Descartes y Bacon

En sus cartas a Oldenburg, dirigidas en realidad a Boyle, Spinoza no sólo analiza aspectos filosóficos (en el sentido actual) sino también en profundidad detalles puramente procedimentales de los experimentos realizados por Boyle, mostrando su familiaridad con las teorías químicas, su conocimiento de los ingredientes y herramientas y, lo más importante, su competencia en química experimental y en el uso del método científico para formular hipótesis y comprobarlas experimentalmente. En una palabra, Spinoza era un químico competente. 

Spinoza sólo había recibido instrucción formal en hebreo, Torá y Talmud en una de las sinagogas portuguesas del gueto judío de Ámsterdam. Pero quería más y, antes de su excomunión de la comunidad, en 1654 o 1655, había ingresado en la escuela de latín de Frans van den Enden

Van den Enden era un polímata. Sus alumnos no sólo recibían instrucción en latín sino también en artes y ciencias. En aquella época trabajaban en Ámsterdam alquimistas/químicos muy importantes, entre ellos Paul Felgenhauer y Johannes Glauber. Van den Enden solía asistir a las discusiones sobre experimentos químicos que se celebraban en el laboratorio de Glauber, donde a finales de la década de 1650 se estaba trabajando mucho sobre el nitro y esto es relevante para comprender la "sal celestial" de Helvetius.

Glauber es el “químico de las soluciones salinas”; su nombre está vinculado al estudio de éstas y, todavía hoy, el sulfato de sodio se llama sal de Glauber. Si Spinoza sabía tanto sobre el nitro, ¿por qué no suponer que acompañaba a su maestro a las conferencias de Glauber? Spinoza tenía, pues, la formación suficiente, tanto en cuestiones teóricas como prácticas, para valorar con soltura lo ocurrido en La Haya en enero de 1667. 

Johannes Friedrich Schweitzer (Helvetius) era el médico del príncipe de Orange. Según el relato de Helvetius (la forma latina de Schweitzer, suizo), el 27 de diciembre recibió la visita de un extranjero que no quiso revelar su nombre pero que dijo que le presentaba la prueba material de la existencia de la piedra filosofal. Por qué eligió al médico para tal revelación es algo que Helvetius no nos dice. 

Tras una larga conversación en la que el alquimista explica los principios de su ciencia, muestra un polvo amarillo metálico y promete volver en tres semanas. El día previsto, el alquimista vuelve y le entrega un poco de la piedra filosofal a Helvetius con instrucciones sobre cómo proceder en el experimento. 

La noche siguiente, el médico hizo el experimento: fundió cincuenta gramos de plomo en un crisol, luego añadió, cubierto con cera, la piedra filosofal y dejó la mezcla al fuego durante un cuarto de hora. Después de este tiempo, el metal tenía un característico color amarillo verdoso. Después de verterlo y enfriarlo, el metal tenía exactamente el mismo aspecto del oro. 


El platero que lo probó a la mañana siguiente certificó que era oro. En sus Principia Philosophiae (tercera parte; el único lugar donde habla de química) Descartes decía que “la materia, con la ayuda de estas leyes [de la Naturaleza], toma sucesivamente todas las formas que es capaz de tomar”. 

Spinoza, muy influido por Descartes, afrontó lo ocurrido en La Haya con una mente abierta. La noticia era tan importante que se dispuso a comprobar los hechos él mismo. Spinoza nos cuenta lo que hizo en la carta que envió a su amigo Jellesz. Primero contactó con un colega de Huygens, y amigo suyo, investigador en los campos de la óptica y la naturaleza de la luz: Isaac Vossius

Vossius simplemente se rió de él. Sin inmutarse, visitó a Brechtelt, el platero que había probado el oro. Le dijo que el oro había aumentado su peso al mezclarlo con plata. Luego visitó al propio Helvetius que le mostró el crisol y le comentó su intención de escribir un relato del experimento. 
 
No sabemos a qué conclusiones llegó Spinoza tras sus investigaciones, aunque una cosa es segura: mantuvo su interés por la alquimia/química hasta el final de su vida. 

Me resulta extremadamente curioso que en su pequeña biblioteca tuviera un ejemplar del Commentarius in Currum Triumphalem Antimonii Basilii Valentini de Kerckring que había sido publicado en Amsterdam cuatro años después, en 1671.  Más si consideramos lo que mencionaba al principio de Basilio Valentin y el fuego y la materia vil. 


Años después Spinoza sigue activo en el arte químico. Schuller, amigo y médico, escribe a Spinoza diciéndole que ha sido capaz de obtener oro a partir del antimonio. Spinoza responde, en términos puramente técnicos, que no habría podido ser posible, pero no niega la posibilidad de que se pudiera hacer y culpa al procedimiento del fracaso. 

Schuller contesta pidiendo a Spinoza que proceda él mismo con el experimento, ya que le ha enviado el Processus . Spinoza, ya enfermo (moriría en meses), y viviendo en un ambiente social nada favorable, responde que no cree que disponga de tiempo. Y efectivamente no disponía de tiempo. La muerte sobrevolaba su cama desde hacía meses. 

Ahora bien, volviendo a la materia vil, siempre se sospechó que debía ser algo despreciable al punto que los alquimistas miraban con atención los excrementos, la orina, los desechos de todo tipo y las fermentaciones. Sin embargo, algo que queda claro del Corpus alquímico es que nuestra materia de base es metálica. 

Y Basilio Valentín nos dice que es vil probablemente porque no tiene un gran valor o porque se la desprecia por sus usos y generalmente se la asocia con un veneno. Esto nos lleva a los ineludibles reinos de saturno y a entender por qué, después de las conversaciones que hubiera mantenido Spinoza con Helvetius, conservó en su biblioteca personal un ejemplar del Carro Triunfal del Antimonio

En dicho libro encontramos, entre muchas recetas sobre la preparación del antimonio, su vidrio, el hígado, el Kermes y algunas tinturas o antimonios diaforéticos, un proceso que nos recuerda la ficción de Helvetius cuando promulga que la obra se lleva a cabo en unos días en un crisol 



Basilio Valentín nos dice que el Régulo Marcial Estrellado si se une con una sal (sin duda la sal nitro que estaba en auge por entonces) y se la deja hasta que el antimonio se volatilice en fusión, nos deja en poder de una sustancia con maravillosas posibilidades. 

Régulo Marcial fabricado por el autor de este escrito

Basilio Valentin: "Este Régulo o Estrella, puede ser llevado muy a menudo a través del fuego con una serpiente de piedra (esto es sal nitro) hasta que finalmente se consume a si mismo y se une por completo a la serpiente. El alquimista tiene entonces una sustancia caliente e inflamable en la que están latentes maravillosas posibilidades"

Pero lo interesante de Basilio Valentín es su antimonio diaforético, que tiene contacto con el proceso de Helvetius: es antimonio mineral (estibina) y salitre (nitrato de potasio). Se lo repite en tres instancias y una cuarta de depuración para tener una sustancia capaz de curarnos de muchas cosas.

Esto nos da unos polvos rojizos que ya examinaremos en su ocasión. Pero a decir de Nicolas Lemery, no es tan diaforético como lo pintan, al menos en su experiencia (no obstante su proceso dista del de B. Valentín).

Y sobre el nitro modificado que absorbe los "rayos del sol metálico", parafraseando al "fundidor de latón" de Helvetius.

La Piedra resultante de la fusión tras separarle la Rémora adherida. 

La materia obtenida por el nitro presenta algunas dificultades para congraciarse con las crónicas antiguas de supuestas transmutaciones: el aire la arruina al poco tiempo, el brillo desaparece, queda ópaca, incluso presenta higroscopia. Y esto es lógico: el nitro en fusión se alcaliniza y se vuelve una suerte de carbonato de potasio deliscuescente. Pero, por sobre todas las cosas, no transmuta. Es un potente álcali.

Y si el antimonio diaforético ofrece algo además que sudores y evacuaciones, prefiero experimentar con el famoso Espiritu de Minderero que podría ser más eficaz y seguro, y hay abundante bibliografía, pueden chequear aqui.

Pero la idea de fabricar el diaforético de Basilio Valentín me sedujo, así como a muchos otros alquimistas, sobre todo por la afirmación que hacía sobre su alcance medicinal:

"Renueva el cabello y todo el cuerpo, vigoriza la sangre y hace más bien de lo que puedo describir"

Es lógico entonces que Helvetius , leyendo esta afirmación, creyera que el contacto de la sal celestial, el nitro, al disolver el cuerpo metálico terroso "despertara el glorioso elixir de los sabios".

Si piensan llevarlo a cabo una sugerencia que hago (así lo hice yo): es sacarle antes el fuego, el azufre, de manera filosófica (con su fuego secreto) y luego proceder a la detonación con nitro. La sustancia al final es un polvo  blanco amarillento, que no me atrevía a probar conmigo mismo ni con nadie. Esta misma:


Materia final lavada muchas veces para remover el nitro. Antimonio Diaforético


Estoy convencido de que la Medicina, la piedra , proviene de los minerales. Pero nunca explicaron el procedimiento correcto.





Fuentes valoradas:
 
Carro Triunfal del Antimonio de Basilio Valentin