Este manuscrito, redactado hacia el año 1700, constituye una auténtica joya dentro de la literatura hermética. No sólo por la riqueza de su ...

Girasol de los Sabios de Leona Constantia





Este manuscrito, redactado hacia el año 1700, constituye una auténtica joya dentro de la literatura hermética. No sólo por la riqueza de su contenido —que vuelve a dirigir nuestra atención hacia los metales, recordándonos, en palabras de su autora, que la Piedra Filosofal “debe necesariamente brotar y fluir de una raíz metálica”, en perfecta concordancia con la enseñanza de Bernard Trevisan y de tantos otros adeptos—, sino también por la singularidad de su origen.

En efecto, este texto procede de la pluma de una mujer filósofa, circunstancia poco común en un campo que, durante siglos, fue considerado casi exclusivamente dominio de los hombres. Las figuras femeninas que dejaron testimonio escrito y alcanzaron reconocimiento dentro del Arte son escasas, y por ello cada obra atribuida a una de ellas posee un interés particular.

Entre los raros opúsculos que han sobrevivido dispersos en manuscritos y ediciones antiguas se encuentra precisamente este tratado, conocido como Girasol de los Sabios. En sus páginas se narran, con notable franqueza, las peripecias y experiencias de la autora en su búsqueda de la Piedra.

Y, como sucede con tantos textos de los filósofos, tras el relato de esas dificultades vuelve a revelarse una enseñanza constante: la indicación de un sendero único, que conduce al buscador hacia la raíz metálica donde, según los antiguos, se oculta el principio mismo de la Obra. 


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