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Esto es lo que me contó un alquimista interesado en estos temas, y que piensa que el laboratorio de la Gran Obra es su cuerpo. Pero literalmente. Al extremo.

Piensa que sus órganos son las materias aludidas en los tratados y su propio semen, el tan preciado y buscado Mercurio de los filósofos.

Veamos hasta donde puede ir la imaginación humana necesitada de respuestas.

Su nombre es William, y afirma que logró fabricar una medicina capaz de curar el cáncer y diversas enfermedades. Además, según me relató, prolongó su vida. Si yo, con 43 años, tomo algo, ¿puedo decir que prolongué mi vida? ¿Cómo saber eso sin contar el paso del tiempo?

Pero sigamos.

En su comunicación, recuerdo que me dijo esto:

“Por mi parte la sustancia que uso es mi propio semen, pues en el se encuentran muchas propiedades requeridas para la forja, incluyendo las cualidades permeables del mercurio y el león espiritual. Debido a la herencia familiar, Baphometo ya vive ahí, así que mi trabajo estaba casi hecho desde la cuna, limitándose casi exclusivamente a rectificar.

El cuerpo, como bien ha de saber, es un laboratorio perfecto de alquimia y los respectivos órganos y glándulas endocrinas, son los separadores y destiladores mas eficaces del universo. Y gracias a sus procesos únicos, el hombre ingiere agua y el cuerpo toma de aquí y de allá y crea el licor seminal. Mientras haya semen en el cuerpo, somos inmunes a muchas enfermedades, así que la labor del alquimista que escoge este medio, consiste únicamente en dar más poder a este sagrado licor y liberarlo de toda impureza, a fin de que traiga vida eterna.”

 

En efecto, aquel alquimista utilizó el semen para sus trabajos de “laboratorio”.  Pero no es nueva su hipótesis.

En diversos tratados taoístas se menciona que el semen es la fuente de la vida. No es extraño que lo digan: sabemos que porta la simiente para traer nuevos seres humanos al planeta. Por tanto, está concentrada una intensa fuerza vital o Chi, como suelen decir los orientales.

Ese Chi, encapsulado en el semen, suele perderse cuando el hombre eyacula. Sin quererlo y sin saberlo, al eyacular nos matamos a nosotros mismos eliminando una intensa energía vital que hemos generado en la manifestación sexual. Así piensan los taoístas y especialistas en Tantra.

Existen medios y métodos para drenar la energía (electricidad) generada en la pelvis y subirla por la columna  hasta los centro de la cabeza donde se logra cierta estado de iluminación y reparación, explican los taoístas.

Por tal motivo, ellos no eyaculan. Piensan que al guardárnoslos notaremos cambios en nuestro organismo. El primero de ellos es tener una mayor energía. Luego, es posible sanarse de diversas dolencias. Porque en vez de botar fuera nuestro Chi, lo retenemos para nosotros y se vuelve a distribuir en la sangre todos los químicos y nutrientes que constituyen el semen: hormonas, testosterona, fluidos de regeneración celular, y esa energía no medible pero que conlleva la vida y nos aporta vitalidad.

Eyacular produce que envejezcamos, dicen los taoístas, nos deterioremos y , en suma, nos encaminemos a acabar con nuestro Chi con el que venimos de nacimiento.

Por tanto, la idea de toda relación sexual para nuestra longevidad y crecimiento interior, según la filosofía de oriente, sería absorber la intensa energía de la mujer - generada en el encuentro en cuestión - y evitar dejar nuestra semilla seminal fuera de nuestro cuerpo.

            Hasta aquí,  la teoría taoísta del semen y su retención evitando la eyaculación (que no orgasmo).

El alquimista William decía en su comunicación:

 

“Todos los cambios los opero dentro de mi cuerpo, evitando que siquiera una gota de semen se escape de mi.”

 

La operatoria que tenía, a mi entender, y aun con mi mente abierta, era demasiado mística. Poco científica y carente de evidencias empíricas que la sustenten y que es lo que buscamos. Pero estaba claro que retenía la semilla seminal para sus labores y utilizaba el cuerpo humano de laboratorio.

Por eso decía:

El uso del semen como materia a utilizar en la forja, es más común de lo que parece. Es el sistema utilizado por los gnósticos, los masones y los rosa cruces, en fin, por la mayoría de ocultistas. Por sus cualidades vitales, es el mercurio perfecto, pues los espermatozoides son la semilla de todo aquello que somos. En ellos se encuentra toda la virtud o la debilidad del hombre, por lo que lo único que hay que hacer es potenciar esa virtud, explotarla y sublimarla.”

Ahora bien, para saber cómo manejar esa semilla seminal (que llama Mercurio), alojada en el crisol que para aquel alquimista son los recipientes testiculares, dice que es necesario hablar el Lenguaje de los pájaros.

Ante mi pregunta sobre qué entendía por ello me dijo:

“Las respuestas a esas interrogantes las obtuve yo y las obtendrá usted fácilmente a través del lenguaje de los pájaros. Con este lenguaje podemos comunicarnos directamente con el primer y el segundo mercurio. Al ser el asiento del supremo intelecto, el mercurio tiene todas las respuestas y se place en entregárselas si se atreve a hablar su idioma. Lo único que tiene que hacer es abandonar los libros y tomar la determinación de prestar atención a lo que sucede a su alrededor, en busca de las respuestas que necesita.

El lenguaje de los pájaros es el idioma que se hablaba antes de la caída de la torre de babel. Fue el lenguaje que hablaba Adán al poner nombres a todas las bestias. Es el idioma que hablan los animales, las plantas, las nubes, el agua, todo. Es el lenguaje oculto de la configuración universal. Si desea avanzar en la alquimia sin cometer errores e ir por la vía segura, deberá aprenderlo, aunque tenga que renunciar a los libros. La pregunta es: estaría dispuesto a aprenderlo?

William De Iev”

Quise profundizar más en este concepto, no sin cierto escepticismo, y ante mis dudas me respondió:

“El lenguaje de los pájaros es la clave de toda comprensión y es la llave a la verdadera alquimia. Para llegar hasta el, el primer paso es abandonar toda lectura. Aunque en su caso, tal vez quiera echar un vistazo a estos escritos que le cité, para que pueda atestiguarlo por usted mismo. Pero una vez leído, deberá abandonar toda lectura, para que su alma despierte al conocimiento.

Al igual que todos los lenguajes e idiomas, este también esta formado por pequeñas letras, con las cuales se forman palabras, frases y todo lo demás. Pero la forma de estas letras viene diferente para cada quien y lo que son letras escritas para unos, para otros son sonidos o imágenes, dependiendo de su urgencia interior.

Y al igual que todos los idiomas, no lo aprenderá en un solo día, llegando a tardar años en comprenderlo a totalidad. Yo llevo doce años y aun me sorprendo de ver como el compuesto universal se comunica conmigo, en respuesta a mis preguntas. Lo entenderá a la perfección cuando lo haya meditado por usted mismo.

Para que pueda empezar, haga lo siguiente...

Piense en algún interrogante que tenga, póngalo en su cabeza intensamente y en el transcurso de dos o tres días (a veces de inmediato) le llegará la respuesta. La forma como le llegue, marcará el estilo de comunicación que podrá manejar con el mercurio universal. No puedo decirle más al respecto, el resto debe hallarlo en meditación y en comunión con usted mismo. Espero que le sirva.

Saludos.

William De Iev” 

En efecto, muy mística su visión. Y salvando los conceptos personales de William sobre la operatoria alquimia y el lenguaje de los pájaros, básicamente es lo mismo que el autor del libro de los secretos taoístas Mantak Chia explica:

Cuando tu cabeza está llena de energía espermica el exceso de ching puede entrar en combustión espontáneamente con el chi en tus centros superiores disolviéndose en la Orbita Microcósmica  y descender por tu paladar y por la lengua. A cada persona le parecerá un sabor diferente. (normalmente se le llama néctar dorado pero puede saber a champagne, miel, zumo de coco, o fragancia de toda clase de cosas, o simplemente como una cálida sensación de hormigueo en la lengua”

Si hay algo cierto en todo esto es que el sexo es la mayor fuente de energía disponible para el ser humano de forma inmediata. Y que cuando se necesita, se es capaz de brindar toda la energía, atención, y fortalezas inimaginables, con tal de procurarse el ansiado momento de placer.

Y para Swami Sivananda fue una de sus fórmulas para mantenerse vivo con 123 años. Eso, y su dieta hipocalórica carente de picantes.

  
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