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En este mundo, repleto de caos, hay muchas mentiras, y solo una verdad que prevalece encima de todas las cosas: que nacimos para morir. Cada instante que pasa y cada respiración que hacemos nos aproxima, lo queramos o no, a la muerte. 
 
Entre los filósofos más notables, hubo escritores como Borges o Bioy Casares que reflexionaron sobre el tema. Este último decía sobre la muerte: “Creo que todos somos héroes, porque todos tenemos que pasar por la muerte". 
 
Una vez le preguntaron a Borges qué pensaba sobre la muerte, y dijo, concentrando todo su saber en una sola palabra: “cesar” Para Borges, cualquier estado perdurable, llámese inmortalidad, sería un infierno. 
 
Por algo escribió su cuento El Inmortal donde plantea el tedio de la existencia longeva. Ahora bien, como decía el filósofo Séneca luego de abrirse las venas y mientras se metía en un baño, “todo es incierto; sólo la muerte es cierta”. 
 
Algunos filósofos la han visto con mala cara la muerte, como por ejemplo, Tomas de Aquino, que dijo en su día que la muerte representaba “La más grande de las desgracias humanas”. Algunos reflexionan siempre sobre la muerte, la tienen en su hombro, por decirlo de alguna manera, otros les tiene sin cuidado: como decía Epicuro para qué pensar en la muerte si cuando está, nosotros no estamos, y cuando estamos, ella no está. 
 
Pero no está de más tenerla presente. Como dijo el filósofo Michael de Montaigne , parafraseando a Cicerón: “Dice Cicerón que el filosofar no es otra cosa que prepararse para morir. Quitémosle lo raro, acerquémosla a nosotros, acostumbrémonos a ella, no tengamos nada tan a menudo en la cabeza como la muerte”. 
 
Platón, en boca de Sócrates, ya lo dijo hace siglos: filosofar no es otra cosa que aprender a morir. Pero también lo es, para los que abrevan en la filosofía de la naturaleza, una forma de trascender. Y hacía allí nos acercamos a diario. En tanto, no olvidemos de ver a nuestras espadas. Aun el hombre con el elixir de la inmortalidad más poderoso del planeta necesitaría observar a sus espaldas.

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Balti

En simbología la muerte está considerada como la hija de la noche y hermana del sueño, y posee el poder de la regeneración.

En alquimia hay un axioma que dice es preciso matar al vivo para resucitar al muerto. También es un instrumento de salvación que eleva al cuerpo hermético a la perfección.

Pero como diría Platón el saber que se va a morir es lo que hace que la vida sea única e irrepetible, por eso, que el camino sea largo,  que disfrutemos de su recorrido y nos enriquezcamos de las experiencias vividas.

Abrazo
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