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[Dinujo%2Baire]
 
Atada a esta pregunta se esconde el auténtico secreto de la Medicina Universal. 
 
Pero no es fácil, y ni sé si se puede, responder. 
 
Veamos. 
 
Está claro que las enfermedades, mayormente, se producen por la acumulación de toxinas, por la irritación crónica de algo en el organismo (que anticipa un cáncer muchas veces) y siendo así, ¿qué podría beneficiar el cuerpo humano?. 
 
Si analizamos un poco cómo estamos constituidos, quizá encontremos alguna solución (que no digo la tenga). 
 
El hombre es un aerobio obligado, decía Hipócrates. El secreto de la vida de toda la humanidad está en el aire. No hay dudas. Y en esto no se confundieron los alquimistas que así lo señalaron. La salvedad es que no es el aire en sí mismo sino en uno de sus componentes: el oxígeno. 
 
Se demostró que es la absorción de oxígeno lo que causa, al pasar por los pulmones, el cambio del color apagado de nuestra sangre por aquel rojo brillante de vida. Se oxigena la sangre. 
 
El fallecido Milton Helpern, se dedicó toda la vida a investigar en sus salas de autopsia cual era la forma en que se muere, sea de lo que sea que uno termine en sus salas, y la causa era siempre la misma: la carencia de oxígeno. 
 
Y es que somos organismos biológicos de combustión. Necesitamos el oxígeno para funcionar y que tengamos energía. Esa combustión es como el fuego interno que nos hace estar vivos. El símil con una llama de una fogata es exacto: sin aire no se enciende. 
 
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Así nos sucede a nosotros. 
 
Nuestro organismo está compuesto de agua en un 70% dicen los estudios. Y el agua es hidrógeno y oxígeno. Por lo tanto, lo llevamos con nosotros, pero aun así necesitamos que ingrese a nuestro organismo por medio de los pulmones para vivir. 
 
Desde que inhalamos el oxígeno se dirige hasta su meta final que es la célula aeróbica. Atraviesa sin problemas las delgadas paredes de los alveolos pulmonares y sus redes capilares, y estos átomos de oxígeno se unen al pigmento proteico de los glóbulos rojos conocidos como hemoglobina. Al combinarse se los llama oxihemoglobina, y son transportados desde los pulmones al corazón izquierdo y desde allí, a través de la aorta, a la circulación arterial hasta alcanzar los capilares de los tejidos que es el objetivo de tanto recorrido del oxígeno. 
 
[oxidgen]
Cuando llega, se separa de su compañera de periplo, la hemoglobina, y entonces el oxígeno abandona el glóbulo rojo y penetra en la célula del tejido junto con las sustancias bioquímicas claves para el funcionamiento de esa célula. 
 
Antes de marcharse, la hemoglobina se lleva consigo el dióxido de carbono y todos los desechos del metabolismo celular para destruirlos valiéndose de los órganos clave: hígado, riñones y pulmones. 
 
Ahora bien, cuando una persona muere, como vimos en otro capítulo, parece despojada de su energía vital, el pneuma de los griegos. Su rostro se vuelve ceniza. Los ojos pierden su brillo y las pupilas se dilatan. La luz que había desaparece. 
 
En efecto, ha desaparecido lo que le insuflaba de vida y que sin duda fuera el oxígeno. Poco a poco se encoge y se reduce a la mitad de lo que fue en vida. No es por nada que se dijo siempre de los fallecidos que “acaban de expirar”, esto es, lanzar su último aire: deshacerse para siempre del oxígeno. 
 
Por tanto, no creo que sea descabellado pensar en una medicina que contribuya a nuestra oxigenación. Está visto que ante enfermedades disminuye el oxígeno y es esa disminución lo que impide que las toxinas se liberen, acumulándose para nuestro perjuicio. 
 
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Y es cierto, las células necesitan de una mezcla muy compleja, imposible casi de reproducir, de nutrientes y elementos de crecimiento claves para que funcionen. 
 
Esta es la explicación del conocido como “líquido extracelular” que cubren los tejidos y cuyo objetivo es limpiar y renovarse constantemente al intercambiar sustancias con la sangre. 
 
Este líquido extracelular, conocido como “líquido intersticial” ocupa casi un 15% del peso de nuestro cuerpo. Si pesas 75 kilos tienes 11 litros de este compuesto. Compuesto que es salino. Y esto es curioso, como veremos, porque nos devuelve a la vieja teoría del Plasma de Quinton
 
El fisiólogo francés Claude Bernard (siglo XIX) denominó Milieu Intérieur a ese entorno donde viven nuestras células, ese líquido donde flotan. Y ha pensado, así como muchos otros son de esta idea, de que ese líquido intersticial es un resabio de los tiempos primitivos cuando se formaron las células en los mares de antaño. 
 
En palabras del Dr. Nuland (extraídas de su libro Como morimos): 
 
Es como si los prime “grupos de células prehistóricas, cuando empezaron a formar organismos complejos en las profundidades marinas de las que obtenían su sustento, se hubieran llenado y rodeado de agua de mar para que ésta las siguiera manteniendo”. 
 
Ahora bien, los tumores, el cáncer precisamente, se alimentan de los nutrientes y elementos que existen en el líquido extracelular. Esto hace en muchas ocasiones – sobre todo si es rápido el crecimiento del tumor – que la propia persona experimente falta de nutrientes (porque se lo devoró el cáncer) y presente cuadros de desnutrición. 
 
Y muchas veces, esa desnutrición la sufre también el tumor y se ulceran y sangran, produciendo un tejido necrótico pestilente que hay que remover. Ahora bien, si seguimos brindando nutrientes al cáncer, en especial, como se sabe, el azúcar, no hay dudas de que el mismo se desarrollará, ¿qué pasaría si detenemos su consumo?. Para muchos, es la pieza clave para frenar su crecimiento, y poder tener esperanzas de una cura. 
 
Quizá una combinación de oxigenación, con una dieta muy saludable, carente de azucares, contribuya a acabar con uno de los peores males de nuestra humanidad, el conocido por los médicos como “El Gran Enemigo”, o “el asesino silencioso”, cuya forma recordó al primero que lo observó a un cangrejo y de ahí se latinizó la palabra cáncer. 
 
Según una teoría aceptada, en todo momento producimos células cancerígenas, pero nuestro potente sistema inmunológico las erradica. Son esas que no somos capaces de eliminar las que evolucionan a un tumor o un cáncer. 
 
Por eso, creo yo, otro engranaje para la sanación o la fabricación de una Panacea, son las medicinas que estimulen nuestro sistema inmunológico y nos oxigenen. El Agua es el mejor vehículo que podría ser potenciado, y el caroteno parece funcionar también muy bien.

Le sumaría algo fabuloso y que todo el mundo tiene donde vaya, y lo mejor de todo, que es gratis: el aire. Mediante técnicas, podemos mejorar nuestra oxigenación. Por ejemplo la que en 20 minutos haré, que es correr.

http://www.Bewarenight.com
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