La vida después de la muerte y la explicación de la ciencia

Morir y vivir. Morir unos minutos y luego volver a la vida. ¿Realmente mueren esas personas?

La idea de un inframundo está impregnada en la piel de nuestra cultura desde hace lustros. El Anubis, egipcio. El Hades griego. El Nictlantecuhtli Azteca. El Yama Hindú.

Es natural que pensemos que hay otro lado, otra vida aguardándonos al morir. Nos resistimos a nuestra natural e individual extinción: a perder esos recuerdos de los cuales nos sentimos tan orgullosos y nostálgicos.

Entonces surgen las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM). Nos hablan de un Más Allá, de una intensa luz, de seres queridos y angélicos. ¿En verdad esto es así?. Ojalá lo fuera. El tema lo investigué hace años y se trata en su gran mayoría de experiencias o recuerdos prenatales. De antes de nacer: donde el bebé pasa por un túnel oscuro, esto es, el cuello del útero, y parece flotar en una luz que se inyecta por los parpados cerrados, en manos del médico.

Este impacto de nacimiento lo atesoramos como la gran experiencia de nuestras vidas, la primera y más emocionante de ellas, y es natural que, por algún cortocircuito que nos saque de la vida unos minutos, volvamos a ese recuerdo, tergiversado por la cultura y los deseos, mientras hacen intentos por resucitarnos.

Esta idea no es nueva. La popularizó Carl Sagan, y está basada en los especialistas Stanislav Grof y Joan Halifax: explicaría por qué ven un túnel, una luz, y sienten flotar.

No por nada, la especialista en pseudociencia y escéptica Susan Blackmore, que tuvo una experiencia semejante, y relató casos en su libro Dying to Live, nos dice que las ECM no demuestran que exista el Más Allá, más bien que el cerebro ha estado cercano a la muerte.

Ahora bien. Pepe Rodriguez, periodista especializado en sectas, es otra persona que ha pasado por experiencias semejantes, y narra en su libro Morir es Nada sus investigaciones en torno a las ECM. Para él, es un fenómeno que se produce bajo cierta agitación orgánica que uno puede llegar a experimentar “como un intento de afrontar el estrés que provoca sentirse morir”.

No debemos olvidar algo importante.

Bajo ciertas condiciones de extremo aislamiento, en completa y absoluta soledad, algunas personas han experimentado ECM. Los mismos síntomas, si así podemos llamarlo.

¿Esto qué nos dice?.

Si el fenómeno se puede replicar sin necesidad de drogas, sin ausencia de oxigeno, sin decretar una muerte clínica, es que es un fenómeno orgánico indisolublemente ligado a nuestros sentidos y como estos interactuan en nuestra fisiología.

Probablemente el aislamiento que provoca la cercanía de morir, podría generar este tipo de estado particular.

Crédito imagen:  David Palumb

Crédito imagen: David Palumb


CUANDO LAS ECM NO SE RECUERDAN O NO CONVIENE HACERLO.

Esto es importante. No siempre los pacientes que “vuelven a la conciencia”, recuerdan sus experiencias. En innumerables casos no lo hacen. Mi abuela, por ejemplo, es un ejemplo de ello. No recordaba nada.

Por otro lado, explicando las ECM con los ejemplos mencionados precedentemente , existen también casos que no fueron nada agradables. ¿De qué hablo? De ECM que lindaban con lo diabólico, con lo que muchos dirían que era el infierno.

Un 18% de episodios de ECM tienen este tipo desagradable de experiencias según P.M.H Atwater.


REFLEXION PROVISIONAL

Los casos abundan. Se suman más día tras día. Lo que no abunda es un estudio científico. La razón es que cada testimonio es subjetivo. Y aunque se reúnan miles, pueden tener una o dos explicaciones satisfactorias como las esgrimidas arriba.

Morir y volver a la vida no es evidencia del Más Allá. De hecho, uno dudaría de que se considere muerta a una persona que luego vuelve a la vida, porque la muerte, la verdadera, es terminante, no concede treguas. Es decir: aquella persona nunca estuvo muerta realmente.

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Tiempo atrás, cuando leía la Autobiografía de un Yogui, libro de cabecera para los que se meten en el Kriya Yoga y las “comunicaciones con la divinidad” para la autorrealización, leía los casos de personas que no comían ni respiraban.

Una creencia arraigada de muchos metafísicos y yoguis es que el ser humano es capaz de vivir sin respirar y sin comer. En los medios, tiempo atrás, salió el caso de un joven que se expuso al hambre y a las inclemencias del clima intentando demostrar un punto. Pero no lo resistió.


La realidad es que si una persona no se alimenta, muere. Si no respira, en principio le agarra cianosis, su tez se torna azulada por la falta de oxígeno, y luego fallece.

Sin embargo, Yogananda dice que si quieres lograr la iluminación es necesario dejar de respirar para alcanzar el estado de samādhi. Sólo así uno se desconectaría con el mundo y dejaría de pensar (que es lo que busca el yogui).


Dice que las tortugas logran vivir hasta 300 años porque respiran menos ( 4 veces por minuto) que el ser humano. Que en el estado intermedio entre la vida y la muerte, el samādhi, la conciencia auténtica estaría despierta, contemplando la realidad del mundo.

Ahora bien, la falta de oxigeno seguramente supondrá en el practicante todo tipo de alucinaciones. Como dice un informe de la BBC: en los casos estudiados de personas con ECM (Experiencias cercanas a la muerte) se constató que hubo un aumento de los niveles de dióxido de carbono en la sangre, consecuencia del paro de la respiración.

Los científicos de la Universidad de Maribor, en Eslovenia, investigaron las experiencias cercanas a la muerte (ECM) de 52 pacientes. Sólo 11 contaron que vivieron experiencias impresionantes. Y en todos ellos se constataron altos índices de dióxido de carbono.

Lo mismo que relataron montañistas que, a grandes altitudes, tuvieron ECM. Se sabe que en la gran montaña se reduce el oxígeno y se incrementa el dióxido de carbono. Estudios en el pasado con dióxido de carbono comprobaron que inducían estados alucinógenos muy parecidos a las ECM - o cualquier experiencia yoguística que se precie.

En efecto: más que una experiencia religiosa es algo fisiológico. La influencia/ausencia del aire en nuestro organismo puede obrar auténticos milagros.

Biologia, Ciencia, Ciencia y DiosRoark Rhoend