La panacea del pasado y del presente

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Cotejando un poco las referencias históricas de la alquimia, las nociones sobre la Medicina y el Polvo de Proyección son más bien recientes.

Por ejemplo, tenemos a Bernard Roger, un adepto del siglo XIX , que logró  la Piedra Filosofal, y nos dice en un libro que publicó en París en 1832, conocido como Hermes Desvelado, y cuyo seudónimo fue Cyliani, que tuvo éxito en los trabajos alquímicos a la edad de 70 años. Su elixir no era un polvo, sino más bien un aceite con el que inclusive hace una transmutación en frío.

220 años antes, se paseaba por el mundo El cosmopolita y Filaleta, entre otros, haciendo alarde de sus elixires y polvo de proyección. Al menos, ellos demostraron que lo tenían.

Ahora bien, en realidad era la alquimia India y China las que tenían como punto clave elaborar elixires para alargar  la vida, la occidental se enfocó más en la transmutación de los metales.

En china se cuenta la leyenda de los ocho inmortales que mediante el Arte lograron la más extrema longevidad.

Ahora bien, el carácter chino "Jinyi" (oro bebible) todavía se sigue pronunciando en el moderno dialecto quanzhou como "Kim-ya", por lo que algunos especialistas, como Joseph Needham piensan que la palabra árabe "al-kimiva", en realidad deriva de  la china "kimiva". Con esto, se podría decir que el origen es oriental. Sin embargo, se sabe que es realmente egipcia la fuente real de la alquimia.

En China, sin embargo, los principales ingredientes para alargar la vida eran el mercurio y sus compuestos, como el cinabrio, el oro, y extractos vegetales, en especial una planta llamada Soma (Efedra, cuyo alcaloide es la efedrina). En India se enseña esta forma de producir la inmortalidad.

"Para devolver la juventud a un anciano, la farmacopea ayurvédica utiliza remedios basados en mercurio, oro, pequeñas perlas carbonizadas y pulverizadas, y plantas medicinales. El paciente se encierra en una habitación oscura; bajo la influencia de los medicamentos se le aflojan los dientes e, incluso, se le llegan a caer, igual que el cabello. Su cuerpo se armoniza. Tras el tratamiento, el pelo crece, la piel se regenera, y los dientes también se  renuevan; en otras palabras: su cuerpo rejuvenecido ha recobrado la fuerza vital".

Esto podría ser meramente leyenda, o mito, pero hay una crónica que rescaté que curiosamente refleja síntomas muy parecidos. Veamos qué dice.

El escrito es procedente de Francia. Lo escribió un médico de cámara del consejero de estado Turgot St. Clair, el doctor Hauton (1620 -1683). Según se dice, su redacción no debía hacerse pública ya que los papeles no tenían referencia alguna a la alquimia. Y sin embargo...

El tal Turgot St Clair tenía un romance con una dama que lo iba a visitar a su casa siempre escoltada por un leal criado conocido como maestro Arnaud. Durante las citas de su señora, Arnaud esperaba en casa de un farmacéutico dedicado a la alquimia. Al poco se hicieron amigos. Y un día este hombre le contó a Arnaud muy contento que había elaborado la Piedra Filosofal y el elixir, y también había convertido en oro 12 cucharas de estaño.

Le enseñó a Arnaud una redoma de vidrio con un líquido incoloro e insistió en que probara una dosis. Él mismo lo hizo: tomó una cucharada entera mientras el escéptico Anaud apenas probó unas gotas con la lengua. Inmediatamente después pasó su señora a recogerlo.

Durante el camino de regreso, Arnaud empezó a sudar y le subió la fiebre. Cuando fueron a buscar al farmacéutico para intentar ver qué le había dado a ingerir, aquel estaba muerto. Evidentemente la dosis fue excesiva en su caso. Al poco Arnaud se recuperó, pero su cabello, uñas y dientes cayeron. Aun así, volvieron a crecer.

El amante de la señora compró la farmacia , pero ni él ni Arnaud pudieron encontrar la redoma. Había demasiados recipientes iguales y sin identificar. Más tarde contó la historia a su médico de cámara que la anotó y añadió que el maestro Arnaud, a pesar de tener 120 años, disfrutaba de una salud envidiable.

Como vemos, el parecido con los relatos de India y China, son muy semejantes. Se cae todo, y renace de nuevo.

 EL MODERNO SM

Ya he mencionado que el SM es un concepto que parte de una sigla antigua pero su manifestación es más bien reciente y data del periodo rosacruz mayormente.

El SM, sigla de Spiritus Mundi, era la definición que en el pasado le daba el antiguo a aquella sal aérea cargada de nitrito de amonio que la naturaleza utiliza para sí misma para regenerarse.

Pero nuestro SM, es otra cosa bien distinta. Como claramente lo expreso en mis libros y en el área secreta, es un agua que no moja y que no se congela y que mediante el calor puede fijarse en un polvillo colorado. Entre otras cosas, disuelve el oro puro sin violencia, pero no quema las manos como lo haría un ácido común.

Si cotejamos en la antigüedad, no hay trazas del SM, el que yo entiendo por SM, el conocido como Parergon rosacruz. En los relatos, tratados y dibujos del medioevo para acá no se alude a este compuesto extraño si no es más bien a uno semejante obtenido por procesos enrevesados.

Y más bien hay alusiones a extracciones de sales de cenizas, a minerales, a vitriolos, a cinabrios y a rocíos , pero no a un líquido extraño que se forma por el equilibrio de determinados principios herméticos. Hay formas de elaborar disolventes, tinturas, pero nada que hable de nuestro Parergon.

Quizá sea por esta inusual manifestación, y por qué vi sus increíbles propiedades, por lo que considero que no habrá nunca un elixir mejor que el provisto por el SM. Es un agua que cobra su manifestación antes de hacerlo en cosa alguna, por tanto, no está especificada. Y esto lo es todo.

Pero esto se verá en el trabajo de laboratorio. El camino está trazado.