La formula para no envejecer

El ser humano siempre quiso ser inmortal. Pero ante la imposibilidad de lograr una longevidad a través de ciertas medicinas y continuar asediado por enfermedades e infecciones de toda clase, las primitivas sociedades empezaron a enfocarse en lo espiritual: en aquello que podría conferirle la inmortalidad estando ya muerto. 

Así comenzaron a surgir las primitivas ilusiones sobre Paraísos Más Allá gloriosos donde se recompensaba del pesar en la tierra. 

Esto ya lo vemos en los Mayas, los Aztecas, y otras culturas antiguas: para ellos la muerte representaba el paso a la vida eterna. 

De ahí proviene el psicoducto de los mayas para conectar la tumba del fallecido con el exterior. De los egipcios vemos también los arreglos funerarios que acompañaban al muerto momificado. Y dependiendo del ritual al morir, así sería la vida de ultratumba. 

Por eso ponían especial énfasis en esta clase de ceremonias funerarias repleta de ofrendas, y la conservación del cuerpo. E incluso hasta había sacrificios de concubinas y sirvientas de modo que estuvieran en el más allá al lado del fallecido. 

Sin embargo, fue en Asia donde se centraron más en una medicina que sanara el cuerpo físico más que el cuerpo espiritual (llámese alma). 

He aquí la aparición de la alquimia que floreció en torno a 2500 a.C

El Elixir de vida, la Medicina Universal, el Amrit hindúe, la ambrosía de los griegos: todos nombres que señalaban una sustancia particular encargada de rejuvenecer y concedernos la vida inmortal o, cuando menos, una extensa longevidad (nada es inmortal en un universo con fecha de caducidad). 

Pero por dicha creencia hubo muchas muertes: confiadas en que el cinabrio, el mercurio, y tantas otras sustancias toxicas ayudaban a la longevidad, muchos reyes y emperadores – como Qin Shi Huang - sucumbieron y murieron. 

El historiador Herodoto ya contaba en el siglo VIII a.C que en Grecia existía una fuente de agua que devolvía la salud a las personas.

Y era tan apasionante la recompensa que prometía la alquimia experimental, en el laboratorio, que muchos cerebros se pusieron en la búsqueda de la misma. 

Entre ellos, como ya relaté en su momento, Isaac Newton quien verdaderamente se obsesionó con la Panacea. 


EXPLICACION Y FORMULAS DE HOY DIA 

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Hoy día, en la segunda parte del siglo XX, la ciencia nos ha aportado las causas del envejecimiento y algunas formas para alargar la vida, logrando cierta longevidad. 

Los estudios de los telómeros arrojó que dependiendo de su tamaño una persona podría tener una vida larga o corta. 

En jóvenes, los telómeros son grandes y comienzan a acortarse a medida que se envejece. De modo que si se pudiera añadir telomerasa los telómeros volverían a crecer y restablecerían las células. 

Por eso, la enzima telomerasa confiere la “eterna juventud” a una célula. El problema está en que no todas las células de nuestro cuerpo son normales, y las que no lo son, pueden derivar si le proveemos en exceso de telomerasa en un cáncer. 

Las pruebas que llevó a cabo María Blasco a este respecto son motivadoras: lograron en un ratón alargarle la vida dejándolo longevo hasta el máximo permitido. 

Pero para evitar la contrapartida del cáncer, el ratón fue potenciado con el gen P53 que ofrece cierto “blindaje” contra tumores. En general tienen 2 copias de dicho gen (parte de la madre y de padre), lo que hicieron fue introducir uno más. 

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LOS CONEJILLOS DE INDIA HUMANOS 

Con la idea de que la clave de nuestro envejecimiento está en la telomerasa han sido muchos los laboratorios que intentaron sintetizar una fórmula para vender el producto. 

El resultado es TA65, una droga que contiene telomerasa y que ya se vende online. 

Existen testimonios de personas que la han consumido y dicen que se sienten mejorados: habría que ver si no es sugestión: habría que someter a un ensayo de laboratorio para verificar la subjetividad de los testimonios. 

Como sea, olvidan el factor negativo: la contrapartida del cáncer. 

Es tanto el deseo de mantenerse jóvenes que consumen la droga sin miramientos. 

Y no los culpo. Personalmente he consumido Resveratrol, una fitoalexina que encontramos en las uvas y productos semejantes, y cuya particularidad es - a grandes rasgos - que serviría como un “reductor calórico” activando de esta manera ciertos genes que ayudarían a la longevidad. 

Y esta es otra clave que se asocia con la longevidad: la reducción calórica.

Para Leonard Guarante, director del departamento de biología del Instituto de Massachusetts, la clave de una vida más larga está en la “reducción calórica” manteniendo el consumo indispensable de vitaminas, claro. 

 LA EVIDENCIA DEL ENVEJECIMIENTO 

En la actualidad la evidencia que se maneja es que envejecer no es un proceso programado como podría serlo la juventud y adolescencia, sino que se trata de un proceso que se produce por la acumulación de proteínas dañadas dentro de la célula que ya no pueden ser reparadas como cuando eran jóvenes. 

No es un tema entrópico, sino biológico. 

Y envejecemos por muchos factores, pero principalmente por el acorte de los telómeros. 

CONCLUSIÓN 

Hoy día consumir telomerasa es para gente exclusiva: sale 5000 dólares al año y ,claro, no sabemos los resultados a largo plazo referidos a pre-tumores en las células. 

Pero es algo que se está llevando a cabo mayormente en Estados Unidos. 

Lo mismo, el resveratrol, pero cuya venta se ha establecido como suplemento dietario. Sea como sea, aunque vivamos muchos años mediante la ingesta de estos productos, hacerlo nos vuelve esclavos de los mismos: y más tarde o temprano la decrepitud o la muerte que se presenta sin avisar, nos va a llegar de igual forma.

Consumir estos productos no es otra cosa que una ilusión de estiramiento de vida: no conduce a nada más que a pensar que estamos logrando la inmortalidad. 

Pero la realidad es que todavía desconocemos cual gen o qué proteína podría regenerarnos y conferirnos la eterna juventud. 

El día que lo sepamos, asistiremos al espectáculo de ancianos cuyas pieles se tensan y sus manchas borrosas en la vista y los tejidos cutáneos desaparecen; lo mismo los órganos internos y su regeneramiento. 

Pero este día nunca llegará. 

Si descubriera una fórmula para la vida eterna o la eterna juventud no la ofrecería a nadie más que a allegados míos: sería egoísta en no compartirla con la humanidad

Lo último que desearía es ver filas y filas de ancianos rejuvenecidos que, por seguir existiendo, no le dejan oportunidad a los recién nacidos. 

Hojas de otoño, como diría Schopenhauer, que se resisten a caer para dejar el paso a la siguiente generación: no habría siguiente generación. 

Pero uno o dos inmortales no harían mal a nadie. 

Inmortalidad, La muerteRoark Rhoend