¿Podemos ser inmortales viviendo para siempre?

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Esta historia comienza asi:

El hombre está obsesionado con su supervivencia. Estamos en el año 2012. Hay avances, pero no los suficientes para prologar su vidaindefinidamente. Sin embargo, a raíz de un fatal accidente se expone a nuevas técnicas quirúrgicas, le implantan órganos creados artificialmente mediante compuestos orgánicos. Se salva.

Quiere seguir viviendo. Otro accidente destruye su mano derecha. Pero quiere crear algo realmente único: un brazo artificial robótico. Lo logra, e incluso lo conecta con su cerebro de modo de responda a comandos sensoriales de piel artificial colocada en cada yema robótica.

A medida que pasa el tiempo, el mundo cambia también. Viajes al espacio, bases en la luna, ciudades luminosas. Pero envejece. Sus células se deterioran.

Prueba una técnica novedosa, basada en experimentos exitosos con ratones: drenar toda su sangre, eliminar las células muertas e indeseables, y purificar su sangre mediante proteínas, dejando sólo las células buenas, y volver a transferir la sangre a su cuerpo. Lo hace y se siente verdaderamente rejuvenecido. 

Pero aún queda un lastre: su rostro y su cuerpo avejentado. Utiliza robots miniaturas que le inyectan colágeno y vuelve a estar como antes.

Sin embargo, en un momento un coágulo en su cerebro lo catapulta de nuevo al quirófano. No pueden abrirle el cráneo pues podría morir. Le inyectan unos nanobots, llamados, médicos arañas, que se encargan de eliminar el coágulo y, de ahí en más, detectar cualquier enfermedad potencial y erradicarla. Está en el año 2089 aproximadamente.

Los avisos de un asteroide que podría impactar en el planeta se concretan. La gente huye en naves especiales a colonias en la luna y otros planetas cercanos, como Marte. Pero él se queda. Se esconde en un bunker e intenta sobrevivir. El impacto deja las ciudades, que estaban a estas alturas gobernadas por máquinas, totalmente destruida. La civilización queda erradicada. 

Foto de David Houncheringer

Foto de David Houncheringer


El hombre ha perdido de nuevo su brazo en el accidente. No sabe qué hacer para recuperarlo. Entonces se le ocurre crear un compuesto semejante al líquido amniótico de la placenta, de modo de regenerar su extremidad como se logra en la gestación y que incluso algunos animales – como las lagartijas - logran de manera espontánea.

Introduce su muñon en un compuesto químico y , tras seis días de espera, su mano se desarrolla de nuevo. Pero no pude moverla, no ha aprendido a moverla porque está recién desarrollada. Le enseña, y pasa un tiempo hasta que adquiere la movilidad de siempre. 

Entonces sucede algo que no esperaba. Su cerebro , en el Hipocampo, se atiborra de memorias y no tiene más capacidad para dirigir los recuerdos a cada receptáculo cerebral. En otras palabras: no tiene espacio para sus nuevas memorias.

Fabrica, en la soledad de su bunker, un sistema para poder trasladar sus memorias a un dispositivo portátil, como un pequeño disco duro, donde transfiere sus recuerdos. Así puede incluso visualizar su pasado y recrearse en la nostalgia.

El tiempo pasa, ya ha vivido casi 502 años desde su nacimiento. Es el hombre más viejo de la Tierra, de una Tierra devastada pero empezando a recuperarse. Pronto las bases de la luna lanzan sus cohetes y vuelven a colonizar el planeta. La vida vuelve a surgir en el mundo y nuestro héroe sobreviviente se suma a los humanos que empiezan a formar la civilización. Para ese entonces aquel hombre tiene 1000 años.


CONCLUSION

Esta es la historia que ayer vi en el canal de Discovery. El programa se llama Curiosidad. Y aunque la he sintetizado, abarca las posibilidadesque podrían ocurrir en los siguientes siglos con respecto a la inmortalidad.

Desde luego, no se enfoca mucho en el aspecto psicológico de un inmortal. El tedio que experimentaría al vivir tanto tiempo, el insondable aburrimiento que tendría al vivir siglos bajo tierra en un bunker. 

Pero es interesante ver hacia donde apuntan las ideas. Y lo que prevalece, siempre, es que el cuerpo sea el "traje" de duración ante la decadencia orgánica, que , aunque tengamos brazos postizos, corazones artificiales, cerebros cuasi digitales, seremos nosotros, y no una copia ni un androide el que nos reemplace.

Yo creo que seremos  androides en un futuro. Y más adelante,  información: puntos digitales en una supercomputadora, algoritmos matemáticos, y códigos binarios que expresarán dolor, ansiedad, temor, amor, alegría, tristeza, etc. 

Creo que ese es el destino del ser humano.