El descubrimiento de una nueva sustancia

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La proeza del matrimonio Curie no sólo consistió en convertir toneladas de minerales en un decigramo del elemento radio con propiedades fascinantes, sino inaugurar toda una serie de hallazgos relativos a la salud con la radiación. 

Mientras con las otras radiaciones, desde los rayos X hasta las ondas de radio, la energía provenía de una fuente externa, esto no sucedía con los elementos radiactivos : poseían su propia energía, y podían emitirla sin que nada les afectara. 

Podían durar meses, años, ajenos al calor, la presión, los campos magnéticos, los reactivos químicos, etc. ¿Cómo era posible que sucediera esto?. ¿Era factible que el radio fuera un perpetuum mobile, una fuente inagotable de energía?. 

Pero según los Curie Henri Bequerel, debía existir una fuente exterior (algo que era irradiado a la Tierra) que, de alguna manera, el radio utilizaba para perpetuar su energía. Sin embargo, Marie Curie sospechó que en realidad lo que estaba produciéndose era algo que afectaba internamente a los átomos, quizá se desintegraban. 

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Pero hasta entonces la teoría atómica era algo inamovible, no se podía pensar que nada afectara la estabilidad y perfección atómica. La tradición científica que iba desde Demócrito hasta Dalton Maxwell insistía en ese axioma. 

En 1897, sin embargo, descubrieron que con el torio, si se lo guardaba en un frasco sellado herméticamente ocurría algo increíble: aumentaba su radioactividad. Y al abrirse el frasco volvía a su estado anterior. 

¿Qué era lo que sucedía?. 

Ni más ni menos que una nueva sustancia estaba creándose; algo más radiactivo que la materia de la cual nacía. 

Ernest Rutherford demostró que era un gas lo que se estaba creando y que era capaz de aislarse porque si no se evaporaba rápidamente. 

De esta forma, con la ayuda de Frederick Soddy comenzaron a comprender que había una desintegración continua de los átomos de los elementos radiactivos, y que ello hacía que se transformaran en otros átomos. 

En efecto, no se trataba de otra cosa que una transmutación. Incomprensible para la mente físico o química de la época, pero sí atisbado por alquimistas

De ahí en más fue concluyente que la transmutación era inseparable de la radiactividad. Era por eso que del uranio, un metal duro, podía surgir un metal alcalinotérreo como el radio, un gas inerte como el radón, un elemento parecido al telurio como el polonio, formas radiactivas de bismuto talio, y finalmente, plomo.

Con los espintariscopios, un juguete del siglo XX de los salones eduardianos, se apreció enseguida, a través de la visión de innumerables y pequeñas chispas o destellos que estás se debían a la desintegración de los átomos de radio, las partículas alfa que cada uno emitía al explotar. 

Era visto, entonces, que los procesos radiactivos afectaban al núcleo de los átomos. Y así, poco a poco, concibiendo que eran capaces de liberar fuerzas increíbles a través de su desintegración, se arribó al término de “energía atómica”. 

Frederick Soddy se preguntó si esa transmutación que se da de manera natural en sustancias radiactivas podía llegar a efectuarse de manera artificial. Años después la humanidad sería testigo del alcance de estas teorías con Hiroshima



OBTENCION DE MATERIAS RADIACTIVAS 

Es interesante llamar la atención de los largos y laboriosos procesos que emprendieron en la antigüedad los químicos y físicos para arribar a nuevas sustancias. 

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El matrimonio Curie, es el claro ejemplo de lidiar con algo que los iba consumiendo poco a poco (sus diarios de investigaciones a día de hoy y al menos por 1000 años más deben cotejarse aislados en plomo debido a su intensa radiactividad). 

El trabajo era complicado siempre. Efectuar destilaciones, cristalizaciones, y arrancar de minerales ciertas sustancias increíbles (los Curie contaban cómo en las noches se acercaban a su laboratorio y podían ver la luminiscencia de sus matraces y retortas y todos los enseres que habían pasado por sus manos)

Georges Urbain es otro ejemplo de arduo trabajo para dar con una nueva materia: efectuó 15 mil cristalizaciones fraccionadas para aislar el lutecio

Y luego se piensa que los alquimistas hacían una Gran Obra. Estos antiguos filósofos de la naturaleza fueron los auténticos hacedores de la gran obra humana del conocimiento.