La muerte de la muerte

Qin Shi Huang fue el primer rey de toda China en 221 a.C. Y comenzó a llamarse a si mismo inmortal porque detestaba tener entre sus planes a la muerte. Por tal motivo, mandó una tropilla de expedición a las islas orientales en Japón en busca del Elixir de la vida eterna. LA expedición no retornó jamás: tenían terror a enfrentarse al emperador sin haber encontrado la pócima. Qin Shi Huang murió, como todo mortal, bebiendo un preparado con Mercurio que esperaba lo hiciera inmortal de verás. Fue enterrado con los famosos guerreros de terracota.

Ahora bien, el mito de la fuente de juventud lo menciona Heródoto en el siglo IV a.C en el tercer libro de las Historias. Y en las versiones orientales de Alejandro, cuenta que el propio Alejandro Magno en compañía de una suerte de alquimista, buscaba el “agua de la vida” (el agua de vida, en mi opinión, siempre fue una alusión simbólica a nuestro Spiritus Mundi)

Ahora bien, el historiador israelí Yuval Noah Harari opina que la muerte viola el derecho a la vida – que tan profusamente declaró la ONU tras la segunda guerra mundial – puesto que viola claramente este derecho y se convierte en un crimen contra la humanidad. Y dice “debemos librar una guerra total contra ella”.

Muchos le han escuchado. Y entre ellos, enormes fundaciones multimillonarias financiadas desde Google hasta Facebook. Los científicos consiguieron avances notables con ratones aumentándoles el 40% de vida. Para ello se valieron de restricciones calóricas, inyecciones de telomerasa, tratamientos de células madre, terapias génicas, etc…

Y sin embargo, como he dicho en muchas ocasiones, existe un medio mucho más al alcance del ser humano y que, por algún motivo, no  le están prestando atención.

Si Mark Zuckerberg y su esposa Priscilla Chan mencionaron que donarían prácticamente todas sus riquezas para curar y prevenir todas las enfermedades en una generación, que costaría arrimarse a nuestra casa para penetrar en el secreto. Al final, cuando lo imposible está a la vista, se lo rechaza y se lo tilda de inservible. Y así, se pierde una oportunidad la humanidad, y nadie hará nada por otorgársela.

LA INMORTALIDAD

El principal problema de ofrecer a todos la inmortalidad es que el mundo se volvería superpoblado. No daría abasto. Ya Saramago plantea el problema en Las Intermitencias de la Muerte, donde a los viejos se los lleva al otro lado de un continente para poder morir, ya que donde viven son inmortales (pero viejos, vaya paradoja).

El problema, a mi entender, es que se hagan con el Elixir los magnates y millonarios para seguir viviendo de lujos y ostentación por el resto de sus días eternos.

No por nada, Bill Gates opinó al respecto sobre esos proyectos multimillonarios de Fundaciones para cierta élite de personas que buscan la inmortalidad:

“Me parece bastante egocéntrico que, cuando aún persisten la malaria y la tuberculosis, los ricos financien cosas para que ellos puedan vivir más tiempo. Aunque admito que sería bueno vivir más tiempo.”

En efecto, todos queremos vivir más tiempo. Esta es una realidad innegable. Pero el problema ético planteado es ¿qué sería del mundo con tanta superpoblación de longevos?. Y sobre todo ¿sería asequible a todo el mundo o se establecerían leyes para que determinadas personas fueran longevas y rejuvenecieran en virtud del dinero prestante?

LA MUERTE Y LA BIOLOGIA

En realidad, no hay nada que indique que sea necesaria la muerte en la existencia humana. No hay trazas biológicas de ello.

Al respecto, el distinguido físico estadounidense Richard Feynman, ganador del premio Nobel de Física, explicó en su conferencia de 1964 «El papel de la cultura científica en la sociedad moderna»:

Una de las cosas más notables en todas las ciencias biológicas es que no haya ninguna pista sobre la necesidad de la muerte. Si alguien dice que se propone hacer una máquina de movimiento perpetuo, ya hemos descubierto suficientes leyes físicas como para saber que es algo absolutamente imposible o que las leyes entonces estarían equivocadas.

Pero no se ha descubierto nada en biología que señale la inevitabilidad de la muerte. Esto indica que la muerte no es inevitable, que solo es cuestión de tiempo que los biólogos descubran qué es lo que nos está generando problemas y curen esa terrible enfermedad universal.”

Actualmente, en el mundo mueren por causa del envejecimiento alrededor de 150 000 personas cada día. No es una cifra menor. Y es posible evitarla, porque mueren más por esta causa que por las enfermedades regadas en el mundo.

El biogerontólogo Aubrey de Grey lo explica de una manera muy clara y directa:

El envejecimiento realmente es «barbárico» (cruel, despiadado, inhumano). No debería tolerarse. No necesito un argumento ético. No necesito ningún argumento. Es visceral. Dejar que la gente muera es terrible. Yo trabajo para curar el envejecimiento, y creo que tú también deberías, porque pienso que salvar vidas es lo más valioso que alguien puede hacer con su propia vida, y dado que más de 100 000 personas mueren cada día por causas de las cuales los jóvenes esencialmente nunca mueren, salvarás más vidas ayudando a curar el envejecimiento que de cualquier otra manera.”

Como refiere la Biblia, 1 Corintios 15:26:

“Y el último enemigo que será abolido es la muerte”