Sobre la alquimia y el Spiritus Mundi

alquimia spriitus mundi.jpg

La alquimia siempre ha tenido una pésima comprensión, tanto de eruditos como de espiritualistas. Unos, la defenestraron, aludiendo que no era más que un antepasado de la moderna química. Otros, la revalorizaron ampliando más allá de lo creíble sus características. Ninguno ha acertado en comprender qué es la alquimia. 

Es probable que si estás en esta web te preguntes de qué va todo esto, y cómo comprendo yo la alquimia. La alquimia se divide en dos facetas o períodos: podríamos decir el medioevo y el renacentista. Pero seriamos taxativos. Porque nociones de alquimia ya había en el antiguo Egipto: de allí proviene Hermes y de donde tomamos esta ciencia como hermética. 

Ahora bien, lo fundamental en alquimia es comprender qué es el Spiritus Mundi y el Espíritu Universal, y saber la diferencia entre una cosa y otra marca la diferencia entre el aprendiz y el adepto. 

El Spiritus Mundi, (sigla SM) es la materia con la que en el pasado el alquimista trabajaba. Se trata de un elemento abundante en la naturaleza, que el hombre antiguo no tenía forma científica de definir, y que le puso el nombre de Espíritu del Mundo, porque habitaba en cualquier parte del planeta y de vez en cuando lo podía manifestar y verlo habiendo sido invisible. 

Esta definición nos encamina a una sal aérea que se recogía en lo que el antiguo denominó el Gran Mar de los Sabios, que no es más ni menos que el aire. Sobre esta sal aérea existe abundante bibliografía clásica de alquimia. 

Es la que llaman los autores de diversos tratados, Nuestro NitroNitro CelestialLa Sal de la Naturaleza, etcétera. 

Ahora bien, el alquimista del renacimiento, el Rosacruz, fue directamente al meollo de la cuestión: obtener el origen de todo. Y probablemente seducidos por los modelos atómicos, prefirió entender el SM como una regla a seguir donde bajo ciertos principios – y recalquemos la palabra: Principios – la materia podía descomponerse y obtenerse algo de unas características únicas. 

Desde el punto de vista de la ciencia empírica, el SM presenta unas características insólitas: 

1. Es extremadamente volátil
2. No mojas las manos aunque se presenta con apariencia acuosa.
3. Disuelve, como padre de los ácidos, radicalmente el oro como si fuera un trozo de hielo en agua tibia.
4. Se vuelve tierra mediante un truco alquímico concreto. Y de tierra puede volverse rojo como un cristal.
5. El SM, per se, tiene una característica increíble que solo los que lo probaron, apenas una gota en su lengua, pueden hablar. No menciono cual es para no sugestionar o predisponer a la persona. Sólo el individuo lo descubrirá. 


Ahora bien, el alquimista del medioevo, que trabajaba con los Nitros Celestiales, o las Sales de Amón (Salomon) no obtenía otra cosa que un agua saturada en sales nitrosas. Y de ahí lo trabajaba para obtener una materia capaz de convertir los metales en oro o plata. 

Le llamaron a esta agua saturada de sales, Espíritu del Mundo (o Agua Astral). Y como también disuelve el oro por su poder corrosivo, se confundió entre los tratados de alquimia con el SM

Pero veamos, el Espíritu del Mundo (Nuestro Nitro), es como sigue: 

1. El EM es básicamente una sal cultivada en un medio acuoso. No es tan volátil como el SM. Y tiene nombre preciso: nitrito amónico. Se presenta en las noches de otoño o primavera. El agua concentrada con esa sal adquiere propiedades interesantes, entre ellas, también está disolver el oro.
2. Esta sal se encuentra en todo el mundo, presente en el aire, por lo que se ha dicho que se recoge en el gran mar de los sabios (Aire) nuestra materia y es cierto.
3. Existen innumerables formas de atrapar esta sal, la más usual es mediante hielos, cuencos, telas de lino, etcétera.
4. La sal puede evolucionar a una materia extraordinaria pero el proceso lleva mucho tiempo, mucho trabajo, y aunque es el que es más afín a la naturaleza, la diferencia con el SM puro y su procedimiento es abismal. 


Ahora bien, sabiendo estos detalles, que jamás un alquimista se atrevió a poner por escrito, y que lo hago yo por primera vez en la historia de la alquimia, usted deberá decidir qué camino tomar. Si un atajo en apariencia simple pero difícil y atrevido, o un camino en apariencia largo y difícil, pero que realmente es sencillo y sin complicaciones. 

Trabajar con las influencias tiene algo de poético y nos retrotrae a la época de los antiguos que observaban la luna y esperaban las estaciones adecuadas. Trabajar con SM es indiferente a estas influencias. 

Yo expliqué aquí dos métodos secretos para manifestar el SM. Además, desde hace años, popularicé la famosa campana de Rhoend, que es esta misma. 

WP_20150411_003.jpg


Mis inspiraciones provinieron de los trabajos de obras tempranas de rosacruces. El nombre mismo de la web tiene influencia en estas obras y en la materia con la que trabajamos (SM) 

Los únicos tratados que hablaron del SM datan del Siglo XV al XVI. Mi predilecto es el Speculum Sophicum Rhodostauroticum, cuyas láminas hablan por si mismas (le llamaban al SM de otra manera: Parergon): 

A Collection of Alchemical and Hermetic  Emblems - Part 1_0018.jpg



speculum-01.jpg

A la derecha, notarán algo parecido a mi campana famosa. No puedo negar que mi inspiración provino de este dibujo y del Mutus Liber. Yo me fié de estos textos para llegar al descubrimiento del SM. Entender su composición, y ahora poder explicarlo en un libro nuevo de alquimia – El Gran Legado Hermético - llamándolo por su nombre científico formal. 

Si los antiguos cifraron el conocimiento del SM es porque de ahí parten todas las cosas y revelarlo podría poner en difícil situación al mundo. El procedimiento debe velarse, cifrarse, ocultarse a toda mirada humana, porque no es un tesoro para el vulgo. 

Si te interesa profundizar en la alquimia auténtica, de laboratorio, conociendo la verdad de lo que es la alquimia, y no todas aquellas falsedades de ORMUS y Vías Secas con Antimonio, Cinabrios tóxicos, etcétera, es el momento de leer mi libro. 

Pero no a todos se los venderé, por lo que te pido que si no respondo tu correo es porque no tengo intenciones de vendértelo.