El cosmopolita, Alexander Setonius

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El Cosmopolita era el pseudónimo que usaba para si mismo Alexander Setonius Scotus, mejor conocido como Alexander Seton. Este hombre era oriundo de Escocia y llevó a cabo diversas transmutaciones públicas entre los años 1602 y 1604.

En 1601 un navegante holandés, Jakob Hanssen naufragó en las costas escocesas y allí Seton le ayudó y le salvó la vida. Se hicieron amigos, y le ayudó Seton a que pudiera regresar a su casa en Holanda.

Un año después Seton decidió visitar a su amigo siendo invitado en su casa.  Allí le confesó su fascinación por un arte secreto que le permitía modificar los metales. Y un 13 de marzo de 1602 a las 16 hs delante de su amigo convirtió un trozo de plomo en oro puro.

Hanssen quedó estupefacto. Envió a su médico, el doctor van Der Linden,  un fragmento de este oro.

Daniel Georg Morhof, un cronista y compilador de transmutaciones auténticas, visitó 50 años más tarde al nieto de aquel médico que, no sólo corroboró la historia de Seton sino que le enseñó el mítico trozo de oro transmutado.

Pero uno de los mayores detractores de la alquimia, Johann Wolfgang Dienheim, doctor en derecho y medicina y profesor en Friburgo, se cruzó con Seton cuando viajaban desde Zurich hasta Basilea, y cuenta esto sobre él:

“ En 1603, cuando volvía de Roma, se me unió en el camino un hombre ya bastante entrado en años, sensato y extraordinariamente modesto, se llamaba Alexander Setonius.

“Os vais a acordar de cómo habéis censurado y denigrado a la alquimia y a los alquimistas y como he prometido responder a ello con un hecho filosófico, solamente me falta esperar a alguien” (dijo Seton).

Poco después llamó a un hombre de prestigio. Más tarde me enteré que era el doctor Jakob Zwinger. Los tres nos encaminamos al taller de un trabajador de oro. El doctor Zwinger llevaba consigo una tablas de plomo. Cogimos un crisol de orfebre y mercurio común que compramos en el camino. Alexander empezó a remover de la nada, ordenó encender un fuego, añadió plomo y mercurio por turnos, le dio al fuelle y mezcló la masa removiéndola. Durante el proceso bromeó con nosotros. Al cabo de un cuarto de hora dijo : “Ahora vierte el contenido de este trozo de lino en el plomo fundido, pero bien adentro en el centro, no en el fuego”.

En el papel había un polvo pesado y grasiento. Tenía un cierto color amarillo limón, pero había que tener ojos de lince para notarlo.  Lo hicimos tal y como dijo, aunque estábamos tan escépticos como el propio Santo Tomás.  Después de que la masa hubiera hervido durante un cuarto de hora y fuese removida con un hierro incandescente, el orfebre vertió el crisol. Pero allí ya no había plomo sino el más puro oro. Pesaba tanto como antes había pesado el plomo. Entonces cortó un trozo del oro y se lo dio a Zwinger como recuerdo. Yo también recibí un fragmento, de casi cuatro ducados, que guardé como recordatorio de tan gran espectáculo”.

Vale mencionar que Jakob Zwinger era doctor en medicina y profesor en Basilea. En 1606 confirmó la historia de Dienheim en una carta firmada por él.

A Seton se le han atribuido transmutaciones en Francfort, Offenbach, Colonia y Hamburgo.

En la ciudad de Helmstedt tuvo lugar otra demostración. Esta vez sucedió cuando Cornelius Martini, profesor de filosofía, estaba dando un curso despotricando contra la alquimia.

Fue en el momento en que negaba la transmutación y se reía con sorna de los alquimistas, que un forastero que estaba de oyente se puso de pie y avanzó hasta Cornelius. Tomó un brasero, un crisol, y un trozo de plomo. Enseguida lo fundió y echó su “materia” y se convirtió todo en oro puro. Se lo tendió al profesor diciéndole: “Refuta si puedes esta prueba”.

Desde aquel memorable día Cornelius se volvió ferviente creyente de la alquimia.

Seton se casó en Munich y se fue a vivir a Sajonia. Su felicidad matrimonial no duró mucho tiempo. En Sajonia los rumores sobre sus transmutaciones publicas llegaron a oídos de Christian II, príncipe de Sajonia, quien lo mandó a encarcelar y torturar duramente para arrebatarle el secreto.

Seton resistió lo que pudo, y en su ayuda vino Michael Sendivogius, el conocido como primer químico de Polonia, quien logró liberarlo. Sin embargo, las heridas consecuencia de la tortura acabaron con Seton en 1604 en Cracovia.

Sendivogius se casó con la viuda de Seton, y consiguió algunas transmutaciones con el polvo de proyección que aun conservaba ella de su marido fallecido. Sendivogius fue muy avanzado en alquimia, pero muchos dudan haya sido un adepto auténtico.