Filosofía de la Naturaleza




La alquimia es enrevesada. Pero más aún, lo que se conoce como Filosofía de la Naturaleza, porque no siempre los alquimistas son filósofos. 

En general, la mayoría de los trabajos que observamos en textos y manuscritos obedecen a procedimientos espagíricos, yatroquimicos, arquimicos y , tal vez, alquímicos, pero casi ninguno es filosófico. La química desciende de dichos trabajos, como declara Fulcanelli en su Las Moradas Filosofales. Pero la filosofía de la naturaleza apunta a otra cosa: capturar espíritus. En particular, retener el fuego de vida en – y de - una sustancia especial. 

De ahí la alusión de Dujols y Fulcanelli que mencionan a coro : 

 “Captad un rayo de Sol, condensadlo en una forma sustancial, nutrid de fuego elemental ese fuego espiritual corporeizado, y poseeréis el mayor tesoro de este mundo” 
 
Pero la mayoría - me incluyo primero en la lista - tomamos las lupas y buscamos ese sol en el Astro Rey. Y sino, fabricamos los imanes llamados filosóficos, es decir, sales higroscópicas con el mismo fin. O en su defecto: rocíos, aguas de lluvia. Y si todo falla: vitriolos, ácidos, oro y plata y mercurio vulgar, etcétera. Todo esto no es otra cosa que apoderarse de técnicas arquimicas, espagiricas y yatroquimicas. Mucho de herencia árabe. 
 
Algunas, como el espíritu de Saturno de Cockren/Becker/Bernus, sortean los rudimentos de la filosofía hermética, pero no dejan de ser derivados de la espagiria y de corte árabe. Tal vez los trabajos con sustancias materializadas de la nada – sea Parergon o pulvis Solaris – sean las que más se aproximen a la filosofía hermética. 
 
Pero, aun así, ninguno va al grano. 



 
En otras palabras: pones en tu plato tu sal higroscópica y atraparás una sal del aire, sin duda, si las condiciones te han sido favorables, y podrás elaborar un disolvente y tal vez una medicina. Pero eso no es captar el espíritu o fuego vital, aunque se piense que sí lo es. 
 
La confusión se ha generado a favor de que el fuego celeste es el rocío, o mejor, su sal nitro. Pero el nitrum aereum es algo para la naturaleza y su supervivencia, no para el fuego vital que nos anima como seres racionales. 
 
Cuando se habla de filosofía hermética se habla de atrapar el fuego vital celeste, y en la palabra uno gira su rostro al cielo pensando que allí se encuentra, y entonces enseguida asocia condiciones atmosféricas y de estación primaveral. Pero pocos se ponen a pensar hacia dentro, y recorrer con la mirada las materias capaces de ofrecérnoslo. 

Cuando el sabio la encuentra, ya no necesita poner en sus platos sus imanes salinos, ni recoger toneladas de rocío, ni regar su tierra putrefacta nacida de una típica fermentación. Sabe que el fuego que busca se encuentra en una sustancia y solo debe arrebatarlo como lo haría Prometeo
 
El arte de la filosofía de la naturaleza consiste en aislarlo, retenerlo, arroparlo, y usarlo posteriormente como Medicina Universal para restaurar el fuego vital que merma con la edad en cada ser humano. Envejecemos y morimos porque este fuego va deteriorándose con la edad, extinguiéndose con el paso de los años.   

Buscamos un fuego para nuestro fuego interior. Un fuego auténtico, pero invisible (una sal seria una materialización de algo y por tanto no es el fuego buscado, aunque debemos usar una sal para comunicárselo

Y esto es la filosofía hermética, y nada más. 

Me llevó montón de años comprenderlo, y en las entrevistas con varios maestros pude percibir esa verdad. Para el año que viene el libro Aspirantes a Inmortales, fruto de viajes por todo el mundo, será el libro que ilustre mejor todo lo que digo. 

El espíritu del mundo está contenido en una sustancia, no en los aires ni cielos (allí lo está pero es imposible apresarlo, y el rocío no lo hace, porque el fuego no se atrapa tan fácilmente). Aunque habrá quien, con denodados esfuerzos, quizá obtenga algo que se le asemeje, pero nunca será lo mismo. 

 Entonces invito a examinar qué sustancia nos puede ofrecer ese fuego vital de las muchas que existen y , una vez que se esclarece la mente y se sabe que se trabaja con espíritus ígneos (y no sales, ni nitritos), se comprenderá mejor de qué manera es posible capturar este “rayo de sol”. 

Al menos esto es lo que nos da la auténtica Medicina Universal que buscamos con tanto ardor y que, realmente, restaura nuestra perdida juventud. El resto, medicinas yatroquimicas, espagiricas, arquimicas, oros potables, sin menospreciarlas, jamás nos darán la inmortalidad buscada y  el triple gaje.


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