Vida y Gran Obra de Juan de Rupescissa conocido también como Jean de Roquetaillade o Juan de Rocatallada




Este hombre nació en el año 310 en la Auvernia, en el centro de Francia. Como creyente en las profecías venideras y siendo partidario de movimientos espiritualistas, creyó que el Anticristo iba a hacer su aparición en la tierra. Y en tal idea fundó su búsqueda de la crisopeya y de una medicina para prolongar la vida. 

Fue arrestado en 1344 porque las autoridades eclesiásticas consideraban el movimiento en el que él participaba como algo que desconfiar. Y desde aquel año hasta el fin de su vida, pasaría prisionero. Estando encarcelado es que toma la pluma y escribe sus libros de alquimia. Y su fama pronto se extiende a todo el reino. Aunque en sus libros describe los tormentos en que se veía inmerso en la prisión, el confinamiento al menos le dio pergaminos y tinta para confeccionar sus manuscritos famosos de alquimia. 


Sus escritos fueron copiados, difundidos, y sobrevivieron en los siglos XIV y XV. En el ideal de Juan estaba el compromiso absoluto con llevar una vida humilde e incluso abrazar la pobreza. No se comprendería cómo una persona así se le dio por trabajar en la crisopeya si no fuera que sus creencias sobre la llegada del Anticristo lo condujeron a estos trabajos. 

En su libro Liber Lucis, escrito en 1350 , declara que: 

"Consideré los tiempos venideros predichos por Cristo en los evangelios, a saber, de las tribulaciones en la época del Anticristo, bajo los cuales la Iglesia Romana será atormentada y tendrá todas sus riquezas mundanas despojada por tiranos…asi, en aras de liberar al pueblo elegido de Dios, a quien se concede conocer el ministerio de Dios y el magisterio de la verdad, deseo hablar de la obra de la Piedra de los grandes filósofos sin un discurso elevado. Mi intención es ser útil al bien de la Santa Iglesia Romana y explicar brevemente toda la verdad sobre la Piedra”. 
 
Está claro que la ayuda que iba a prestar a la Iglesia cuando llegara el Anticristo era la alquimia. Un pensamiento que también tuvo Roger Bacon, otro fraile franciscano, y que escribió al papá sobre esto, avisando que la iglesia necesitará conocimientos matemáticos, científicos, tecnológicos, médicos y de todo tipo para resistir y sobrevivir al asalto del Anticristo. 

Es por eso que Juan proporciona la receta detallada para hacer la Piedra de los Filósofos. Y sostiene que debe hacerse a partir de un mercurio especialmente purificado, y de un azufre filosófico. No habla de un mercurio místico o arcano, sino el vulgar, pero muy purificado (ya vimos una manera de hacerlo en este blog pero mucho más detallado y declarado en mi libro Los frutos de la montaña de los filósofos). 



 
A partir de aquí, la idea de que la Piedra estaba compuesta de azufre y mercurio pasará a ser una noción estándar en Europa. 
 
Pues bien, como digo, utiliza el mercurio común que libra cuidadosamente de sus impurezas, y el azufre lo obtiene del vitriolo romano, es decir, el sulfato de hierro/cobre. 





La idea de emplear el tóxico y peligroso mercurio quedará muy asentada en la historia e ilustres quimistas, de la talla de Homberg, Boyle, Starkey, y el propio Newton experimentarán a lo largo de los años con dicho metal líquido. 
 
Juan describe primero una serie de sublimaciones con el mercurio con vitriolo y salitre, seguidas de varias digestiones y destilaciones. A pesar de los datos muy detallados, su instrucción no funcionaría si lo ponen en práctica, porque falta un detalle fundamental: el cloruro de sodio que no menciona en su escrito, pero sí declara al final que “Todo el secreto está en la sal”. 

El describe que sublima un mercurio “blanco como la nieve”, que sin duda es un cloruro de mercurio, lo que nos indica que en la mezcla inicial debió incluir cloruro de sodio, sal común. Ahora bien, es cierto que el salitre de Juan estaba contaminado con bastante sal común. De hecho, en su De Confectione, contiene una anotación al final donde señala este hecho de que el salitre suele contener sal. (Algo que también vemos explicado en las Memorias Póstumas de Grimaldy).
 
El conocimiento técnico y de laboratorio que se desprende de su escrito es admirable, y cualquier historiador de la ciencia de la alquimia debería impresionarse por el nivel de conocimiento de pesos, medidas, y reacciones. 

Es cierto: después de un cierto punto, lo que describe Juan ya no lo podría seguir un químico moderno, porque los resultados y las operaciones no se corresponden a lo que la química moderna predeciría. Y aunque hace Juan una analogía entre las operaciones alquímicas y la teología de la pasión de cristo, no resta veracidad a las reacciones que se producen. 
 
Un poco estaba inspirado en el tratado del pseudo Arnaldo de Vilanova conocido como Tractatus Parabolicus. Ahora bien, mientras estaba en prisión Juan escribió otra obra alquímica importante. Sobre la consideración de la quintaesencia de todas las cosas. Con ello, extendió la alquimia a una nueva área: la medicina
 
Creía firmemente que durante el reinado del Anticristo, los cristianos no solo necesitarían oro, tal y como la que la Piedra podría proveer, sino también una salud perfecta. Aquí vemos claramente en este hombre como la alquimia se divide en dos vertientes: la búsqueda de la crisopeya, usando mercurio vulgar, y la búsqueda del Elixir de vida eterna...con cierta "agua".

Así, Juan relata cómo buscó una sustancia que pudiera prevenir la corrupción y la decadencia y así preservar el cuerpo de enfermedades y envejecimiento prematuro. ¿Dónde encontró tal sustancia?. Nada menos que en el destilado de vino, lo que llamó “agua ardiente” o “agua de vida” y que nosotros conocemos con el nombre de alcohol



 
Juan consideró la “quintaesencia” del vino como la medicina buscada para socorrer a los cristianos cuando llegue el Anticristo. Pero va mucho más allá de la época, en que ya se había destilado de vinos sus alcoholes, sino que lo utiliza para fabricar tinturas medicinales sumergiendo hierbas, de las cuales extrae sus principios activos. 

Podríamos decir que para Rocatallada el trabajo con metales y minerales representaba la búsqueda de la Piedra de la cual entendía servía únicamente para transmutar plomo en oro. Y que el trabajo con espíritus volátiles como el alcohol, y las hierbas, un trabajo casi de espagirista, representaba la búsqueda del Elixir de vida.
 
Por otro lado, el Oro Potable no le fue ajeno. Enseña la preparación de un elixir de oro con el alcohol, cuyas propiedades medicinales estaban fuera de toda duda en la época. Es en virtud de estos trabajos de Rocatallada que la alquimia y la medicina, de ahí en más, estarían estrechamente ligadas para siempre. 

La noción de la crisopeya se mantendría, pero también la de un Elixir para prolongar la vida, mejorar la salud, y restablecer las energías. Poco después de estos hechos, un autor anónimo copió muchas secciones del trabajo de Juan que circuló por medio mundo, y escribió el manuscrito conocido como El Libro de los Secretos de la Naturaleza o de la Quintaesencia

Su enfoque, a diferencia de Juan, estaba en la crisopeya, y no en la medicina. Y la extracción de la quintaesencia solo era un paso hacia la Piedra Filosofal. De esta forma, mientras Juan buscaba la quintaesencia incorruptible como conservante para la salud humana, este autor nuevo le interesaba nada más que conferirle incorruptibilidad a los metales, y volverlos todos como el oro. 
 
El libro fue firmado por Ramon Llull (1232 -1315). Pero no era el auténtico teólogo y filósofo catalán que escribió muchas cosas en contra de la alquimia, sino un autor anónimo que usurpó su nombre para reivindicar la “noble ciencia”. Y así siguió escribiendo, siendo El Testamento tal vez el más grande de todos, escrito en 1332 y que increíblemente hoy descansa en mi biblioteca de una excelentísima traducción del alquimista Santiago Jubani
 
Pero ¿qué fue lo que hizo este seudo Llul? 
 
En realidad, propagó la idea de que la Piedra Filosofal, hasta entonces una materia mítica para lograr transmutaciones alquímicas, también confería la salud. Era una “medicina de los hombres y de los metales”. Y aquí se mezcla un poco los conceptos de la alquimia China (u oriental) que estaban obsesionados en lograr la píldora de la inmortalidad terrena, algo muy distante de la alquimia europea, pero que cuando se mezclaron distintas culturas y conceptos, de pronto todo se condensó en esa materia única capaz de transmutar los metales, llamada Piedra Filosofal, y sigue a día de hoy esta confusión. 
 
Ahora bien, las leyendas sobre la vida de Ramon Llull comenzaron a surgir a principios del siglo XV. Se dijo que era escéptico y se volvió creyente de la alquimia. Que al ver morir a una amante de un horrible cáncer se volcó a descubrir los secretos de la naturaleza. Se dice que ante el rey Eduardo transmutó 22 toneladas de plomo en oro puro y luego fue encarcelado y con el oro el rey invadió Francia. Sin embargo, ninguno de estos eventos presenta evidencias. Es verdad la invasión de Francia. Pero, de hecho, cuando muere Llull , el rey Eduardo tenía 3 años así que dudamos que lo pudiera financiar y ser su mecenas y encarcelador. 
 
Pero más allá de la autenticidad o no de la historia, los crisopeyianos solían utilizar la historia de Llull para guardar silencio sobre los conocimientos alquímicos. ¡No vayas a terminar como el pobre Llull. !
 
Me agradó contar esta historia porque casi todo el mundo conoce a Ramon Llull, pero ¿cuantos a Juan De Rocatallada?. Es hora de reivindicar al prisionero, de cuyos textos abrevó el pseudo Ramon Llull. Este pobre hombre, cuya sabiduría fue envidiable para la época, apenas si se menciona en el corpus alquímico. Es una sombra, al lado del falsario que hoy lleva el nombre de Ramon Llull, nombre también malamente atribuido.



Fuente que contribuyó a este artículo: Al-Quimera

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