El Origen del Antimonio ¿Quien habló por primera vez del mineral?



Pocas dudas caben que las transmutaciones de los metales, de producirse, proviene en virtud de los minerales y metales. Y el mineral que se lleva la corona, es nada menos que el antimonio, o más precisamente, la estibina. 

Pero ¿Quién fue el primero en mencionarlo?. 

Si buscamos en el pasado, ya se hablaba del antimonio en la segunda mitad del siglo XVI, entre los médicos paracelsistas, al punto que le llamaron Plomo de los Sabios. El primero en hablar del mismo positivamente y explicar procesos ocultos, fue Alexander Von Suchten (1570). Este alquimista es muy claro al respecto de que el régulo en realidad contiene, en su interior, el oro de los sabios, que no es otro que el azufre del hierro, cuando se lo prepara en un régulo marcial. 

Posteriormente vinieron más trabajos sobre el antimonio, como el de Basilio Valentin (1604)  Limojon De Saint Didier, (1710) cuyo estudio se basó en la obra de Suchten y Valentin y fue quien más reveló la operatoria. Y más tarde se sumaron George Starkey, cuya inspiración fue Suchten y ya vimos lo que hizo, y Federico Gualdi, (siglo XVIII) en cuyos grabados vemos reflejada una operatoria donde combina la vía seca y la vía húmeda teniendo como protagonista exclusivo el antimonio como podemos ver en la primera lámina representado. 




La diferencia con las operatorias tradicionales, es que algunos añaden al salitre también tártaro, pero Gualdi le añade sal marina. Para Suchten el tártaro está de más: vuelve más vegetal que mineral la operatoria.

Pocos libros explican para qué se usa el salitre para purificar el régulo. Yo lo encontré en el libro Disertación sobre el Antimonio, del Dr Claude Auguste Lamy

La idea de echar salitre, en al menos 4 ocasiones, es para librar del azufre que tendría el antimonio, ya que se usa estibina, que es un sulfuro. Cuando ya no restalla más es que no quedó más azufre y tenemos el puro antimonio. La marca de que se tiene purificado el régulo es la estrella que se forma.

Fotografía de Lawrence Príncipe: Régulo a la izquierda y derecha estibina.



Suchten insiste en que dentro hay un oro, que llama Sol. Y también nos dice que solamente se puede transmutar mediante la Plata Viva, que es el regulo depurado, ya que el oro “no es más que Plata Viva coagulada con su Azufre apropiado y fijado”. 

Y dice: “Ahora sepa que a partir de este Regulus se pueden fabricar todos los metales, como plomo, estaño, cobre, hierro, plata y sol” 

Suchten aborda el trabajo amalgamando el mercurio vulgar con el regulus (que previamente se unió a la plata común, "las palomas de Diana"), extrayendo las heces negras, tal y como explicó en otra entrada. La diferencia con otros proceso explicados, es que no añade oro vulgar, porque considera que yo lo tiene el propio régulo en su seno. Esto forma lo que Suchten denomina Plata Viva.

Ahora bien,  luego de un exhaustivo examen al oro transmutado, aclara Suchten que no es oro, aunque pasa todas las pruebas habidas en la época, incluso la del antimonio que devora todos los metales menos el oro, e incluso la de los ácidos. 

Sin embargo, llega a la conclusión que aunque idéntico al oro , y pasando casi todas las pruebas, no es el oro auténtico. Si se lo depuraba muy profundamente, cosa que los orfebres del pasado no hacían, se revelaba que su naturaleza no era auténtico oro. 

Esto nos lleva a preguntarnos si en el pasado las transmutaciones documentadas no fueron otra cosa que transmutaciones de un símil de oro tan parecido al auténtico que pasaba las mejores pruebas de orfebres . 

Por eso, Suchten aconseja: 

"No crea en estas cosas más que lo que ve, y considere siempre la posibilidad de la Naturaleza, así saldrá fácilmente de este Laberinto" 

¿Será por eso que en las crónicas de transmutaciones históricas el oro producido era distinto, de alguna manera, del oro vulgar? Decían que era más perfecto, que podía seguir transmitiendo sus virtudes a otros metales, que , en suma, no era idéntico al vulgar. Si algo no es igual es que es un símil...

Ahora bien, está claro, como ya vimos en otra entrada, que Suchten le interesaba la parte medicinal de la alquimia, no las transmutaciones a las que consideraba falsas. Por eso al oro transmutado lo somete a mil pruebas hasta que por fin comprende que no es auténtico.

Como interesado en la medicina, afirmó haber fabricado el oro potable, que para Starkey fue utilizando el caput del régulo (ya sabrán cómo podría ser si leyeron mi libro Los frutos de la montaña de los filósofos) , pero yo que he leído la obra entiendo otra cosa y se asocia más a lo que hizo Saint Didier.

Aclara que la única medicina que sirve es la que proviene de este mineral, que ninguna otra es tan eficaz y con resultados tan sorprendentes, solo que si no se hace bien, es un veneno mortal. Es la única medicina que puede restaurar el Bálsamo de la vida .

Lo cierto, es que fue muy utilizado por la ciencia moderna como medicina, como podemos leer aquí. La leishmaniosis visceral que afecta al sistema inmunitario, que da fiebre, pérdida de peso y esplenomegalia, cuya mortalidad es elevadísima, y se llevaba muchos niños, pudo ser controlada en 1915 con un tratamiento basado en tartrato potásico de antimonio.




Lo mismo el Kala-azar cuya mortalidad rondaba el 90%. Las inyecciones intravenosas de tartrato potásico de antimonio salvaron millones.

En suma, que no es para despreciar, sino investigar más extensamente.

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