El ORME y como fabricar el Elixir de Inmortalidad según Robert E Cox



Como siempre, cuando me propongo encontrar información acerca de algo, me topo con información parcial, o refritos de pensamientos que no me conducen a la verdad que busco. Y no fue distinto cuando intenté desentrañar el origen del Ormus, tan famoso hoy día y que comercializan en todos lados como una pócima para la salud. 

Y me pregunto ¿Alguno de sus vendedores sabrán lo que significa Ormus o de qué acrónimo proviene y cómo fue su hallazgo? ¿Alguno conocerá su real vinculación con la antigua alquimia? Todos repiten lo mismo: que es una sustancia extraordinaria constituida por oro monoatómico. Asunto acabado. 

Nadie sabe, o pocos lo dicen, que ORMUS proviene de la palabra ORME, que es un acrónimo de Elementos Monoatómicos Reorganizados Orbitalmente (Orbitally Rearranged Monatomic Elements) Y que su descubridor, David Hudson, lo encontró de pura casualidad en su terreno. 



 
Les cuento la historia, que no tenía pensado escribir en este espacio, pero porque pasé mis largas horas investigándola y me parece productivo que otros se aprovechen de ese conocimiento así saben lo que consumen y , tal vez, dejen de hacerlo. 

De paso, verán la vinculación con la alquimia de antaño, la Vía Seca, amalgamas, etcétera. El mejor libro que localicé con información fue el de Robert E Cox, de cuyas páginas he traducido una gran cantidad de información que contiene este artículo.


LA HISTORIA DE ORME



 
En 1989 una serie de patentes fueron presentadas por un rico agricultor estadounidense llamado David Hudson, quien afirmó haber descubierto una nueva forma de materia. Según su historia, que se ha convertido en una especie de leyenda popular en internet, Hudson descubrió que su propiedad, que consistía en varios miles de acres en el sur de Arizona, contenía depósitos de oro y los elementos del grupo del platino. 

Como ya tenía el equipo de movimiento de tierras, Hudson decidió que intentaría recuperar algunos de los metales preciosos y almacenarlos en una caja de seguridad como cobertura contra la inflación y los impuestos. Pero se encontró con algunos problemas a la hora de recuperarlo. Los depósitos estaban en forma de micro-cumulos, como pequeños agregados atómicos de los metales, que son realmente difíciles de recuperar. 

Cuando Hudson intentó recuperar los metales utilizando métodos estándar de química húmeda, obtuvo un material floculante blanco que se asemejaba al papel de seda disuelto que, cuando se secaba, asumía la forma de un polvo blanco fino. 


Desconcertado en cuanto a lo que podría ser este polvo y por qué no estaba recuperando los metales, lo envió para su ensayo. Los resultados del ensayo arrojaron que no era nada. Esto le pareció bastante extraño a Hudson, considerando que podía sujetar el polvo en sus manos. 

Entonces debía ser algo, no nada. Pero ninguna de las técnicas de ensayo estándar podía decir cual era el material. No coincidía con ninguno de los elementos químicos conocidos. Para llegar al fondo del misterio, Hudson contrató al mejor químico metalúrgico que pudo encontrar en el suroeste para investigar sobre el material e identificarlo. 

Después de varios años de investigación, que costó varios millones de dólares, finalmente se encontró un método para ensayarlo. La metodología fue tomada de científicos metalúrgicos rusos, que se habían enfrentado a problemas similares. Involucró un ensayo de fuego de arco de carbono de noventa segundos. Un ensayo de arco de carbono se utiliza a menudo para identificar elementos de una muestra de oro. Consiste en colocar dos grandes electrodos de carbono muy cerca uno del otro, entre los cuales se coloca una pequeña muestra del oro. 

Cuando se pasa una fuerte corriente eléctrica entre los electrodos, se produce un arco eléctrico con una temperatura aproximada de 5000 grados centígrados. Este arco literalmente vaporiza la muestra de oro en quince segundos, y los elementos vaporizados pueden ser ensayados por análisis espectroscópico. Normalmente, tal quemadura vaporizará todo, incluido todos los metales dentro de la muestra. Pero el problema con el polvo blanco de Hudson era que no se vaporizaba en una quema estándar de arco de carbono de quince segundos. 

Como resultado, los elementos que contenía no pudieron ser identificados. Otro problema fue que si el arco se mantiene durante más de quince segundos, los propios electrodos de carbono comienzan a descomponerse debido a la oxidación, lo que termina con el arco propiamente. Los rusos desarrollaron un método para mantener el arco durante más de quince segundos mediante la realización del ensayo en una atmósfera inerte, desprovista de oxígeno, de modo que los electrodos de carbono no se erosionaran por medio de la oxidación. 

Cuando Hudson y su químico metalúrgico realizaron un ensayo de arco de carbono de noventa segundos en el misterioso polvo blanco, descubrieron que hacia las últimas etapas de la quemadura, el material comenzó a vaporizarse y el equipo espectroscópico leyó los elementos del grupo de platino y el oro en el orden de sus temperaturas de vaporización. En otras palabras, el misterioso polvo blanco consistía solo en los elementos del grupo del platino y el oro, pero en una forma completamente desconocida en ese momento. 

No hace falta decir que esto intrigó profundamente a Hudson, porque ya había determinado que el oro en su propiedad contenía 2400 onzas por tonelada del misterioso polvo blanco. Si pudiera recuperarlo y transformarlo del estado de polvo blanco al estado metálico ordinario, sería un hombre rico. Así que Hudson contrató a su químico metalúrgico y le pidió que continuara la investigación para ver si podía determinar varios medios por los cuales los metales podrían convertirse en el estado de polvo blanco y volver a un estado metálico. 

Eventualmente, Hudson presentó patentes en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia sobre el misterioso polvo blanco, que él y su químico habían determinado que eran formas monoatómicas de los metales preciosos, cuyas órbitas de electrones se había reorganizado de tal manera que ya no mostraban las formas físicas y químicas estándar, o las propiedades eléctricas de los metales originales. Hudson se refirió a estos materiales como ORME, que es un acrónimo, como vimos, de Elementos Monoatómicos Reorganizados Orbitalmente. 

El término monoatómico se refiere a un solo átomo (mono) que no está unido a otros átomos por ningún tipo de mecanismo de unión. Por estas fechas, el suegro de Hudson se le acercó con un libro de alquimia, que hablaba sobre un polvo blanco de oro y sus milagrosos poderes curativos y de recuperación. Hasta ese momento Hudson sabía poco o nada sobre alquimia, excepto que era una teoría medieval sobre la capacidad de transmutar metales básicos en oro. 

El libro describía un polvo blanco de oro, producido por medios alquímicos que podría ser ingerido para obtener beneficios casi milagrosos. Hudson ni siquiera había pensado en comer su polvo blanco, y al ser de naturaleza conservadora, era reacio a hacerlo. Sabía de hecho que el polvo blanco era químicamente inerte, por lo que no podía ser venenoso, pero la idea de comer los metales le parecía bastante extraña. Siendo un tipo cauteloso, Hudson llevó parte del polvo blanco a un veterinario local y explicó su historia. 

Acordaron realizar algunos experimentos en perros con enfermedades terminales, cuyos cuerpos estaban llenos de tumores y para quienes no había esperanza de recuperación. En lugar de dar el polvo blanco a los perros por vía oral, lo inyectaron en el torrente sanguíneo de los animales en forma de una suspensión salina. Para su sorpresa, descubrieron que los perros se recuperaron milagrosamente en sólo unas pocas semanas y estaban libres de tumores. Esto hizo que las ruedas en la mente de Hudson comenzaran a girar. Razonó que incluso si no podía desarrollar un método comercialmente viable para transformar el polvo blanco en metales ordinarios, el polvo blanco en si mismo podría se inmensamente valioso para fines medicinales y si los antiguos textos alquímicos fueran correctos, posiblemente con fines espirituales. 

Luego se fue de viaje y dio una serie de conferencias en los Estados Unidos, muchas de las cuales han sido transcrita y están disponibles en Internet, para recaudar fondos para una gran planta comercial para producir polvo blanco con fines espirituales. Aunque creía firmemente en el valor medicinal del polvo, Hudson desconfiaba de las regulaciones involucradas en las industrias médicas y farmacéuticas y de los problemas que podría enfrentar al hacer cualquier afirmación sobre su potencial curativo. Por lo tanto, promocionó su polvo blanco como una panacea espiritual, un alimento para el alma, y lo comparó con el maná bíblico. 

Desafortunadamente, después de que Hudson recaudó varios millones de dólares y construyó su planta, hubo un accidente en el que cinco mil galones de ácido nítrico se filtraron de uno de los tanques de almacenamiento en sus instalaciones, ubicadas en las afueras de Phoenix. Esto envió una columna de óxido nitroso venenoso ondeante sobre una subdivisión cercana. Más de cuatrocientas personas tuvieron que ser evacuadas, y las estaciones de noticias locales informaron del incidente como un gran desastre. 

No hace falta decir que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos cerró la planta de Hudson, y le exigió que moviera la planta al menos diez millas de distancia para que no amenazara a ninguna área poblada. En ese momento, Hudson tuvo una serie de ataques al corazón, y su esposa amenazó con dejarlo si continuaba con su empresa. Así que renunció a su planta y volvió a la agricultura. 

Pero la investigación continuó. Aunque Hudson ya no estaba directamente involucrado, continuó contratando a un químico para realizar la investigación. Durante la última fase del trabajo de Hudson, su químico principal fue Don Duke, quien en realidad hizo el ORME para Hudson y realizó investigaciones sobre él. 
 
Entre otras cosas, Duke determinó que los ORME están presentes en los suelos volcánicos de todo el mundo y son absorbidos naturalmente por las plantas que crecen en esos suelos. La investigación de Duke continuó con las bendiciones de Hudson. 
 
Después de varios años de investigación , Duke descubrió que una docena de plantas y hierbas tradicionalmente asociadas con altos valores nutricionales y remedios curativos también tienden a acumular mayores cantidades de ORME en sus hojas, tallos y savia que otras plantas. También descubrió que los cerebros de los mamíferos superiores, como los cerdos y las vacas, tienden a acumular ORME, y pueden contener hasta un 5 por ciento de elementos monoatómicos en peso. Esto indicó que los elementos están asociados no solo con las plantas nutritivas y curativos, sino también con la conciencia. 

Duke tuvo un derrame cerebral que lo incapacitó para continuar trabajado, pero legó de alguna manera el conocimiento a Robert E Cox, que en su libro El Elixir de la Inmortalidad, explica mejor en qué consiste el ORME y como obtenerlo realmente. De este libro extraigo esta receta que traduzco al español por primera vez: 


EL ORME AUTENTICO 




Los químicos que trabajaron para Hudson dieron con la técnica de preparar ORME partiendo del metal noble del oro y agua regía, logrando aquel polvo blanco tan espectacular. 
 
El proceso es el siguiente, y requiere sal marina o cloruro de sodio y una buena dosis de paciencia. El procedimiento está en las oscuras patentes de Hudson, y en verdad no es complicado. Lo que se debe hacer es disolver una cierta cantidad de oro en Agua Regia, y luego evaporar la misma y añadir únicamente ácido clorhídrico sobre el oro disuelto. 

Luego se debe añadir una proporción adecuada de sal y permitir que la solución se digiera continuamente a un fuego lento por el transcurso de varios meses, al menos tres meses. Uno sabrá que obtuvo lo que busca cuando el líquido, de color amarillo/dorado, se torna verde esmeralda. Y permanecerá en ese color independiente de la solución si está fría o caliente. 

Es un bello color esmeralda. Algo parecido a esto (este es por otro proceso aunque se usa oro, el color es inmediato): 
Pero el signo más interesante en la solución verde es una floculante blanca, que se asemeja al papel de seda disuelto. Esto es algo que no se observa en la soluciones tradicionales porque nadie en su sano juicio – me refiero a los químicos – aguardan meses para ver cómo cambia la materia. Ellos quieren resultados inmediatos, sin dejar trabajar a la naturaleza, y aquí está la separación entre química y alquimia. 
 
El color verde comienza a aparecer a los dos meses y luego se vuelve estable tras los tres meses. Para precipitar aquella película salina se utiliza hidróxido de sodio (NaOH). Pero lo que se obtiene no es hidróxido de oro ordinario, que es color marrón. Sino un hidróxido de oro monoatómico, cuyo color es blanco como la nieve. 

Cuando se precipita, se decanta el líquido, se filtra, se seca, se recoce en horno para eliminar las formas de hidróxido y oxido del material, y lo que obtienes es un ORME puro, auténtico. Este ORME no se disuelve en ningún ácido, y no puede volver a su estado metálico a menos que le apliques 5000 grados centígrados en presencia de carbono.

Pero atención: este hidróxido de oro blanco debe ser recocido en atmósferas controladas, para obtener el polvo blanco puro de oro. Tanto con hidrógeno como con argón. Hoy día se puede hacer fácilmente utilizando un horno de tubo y gases, el asunto es que si este polvo blanco era parte del Elixir de los antiguos alquimistas ¿cómo lo  hacían?.




Es momento de introducirnos en la Vía Seca. Porque es la forma en que presumiblemente lo hacían antaño para obtener el polvillo blanco medicinal de oro que algunos artistas llamaron "esqueleto del oro".

¿Qué disolventes nos ofrecen los metales al calor de una llama para disolver el oro en vez de usar Agua Regia?.

Cuando el antimonio se funde tiene el potencial de disolver el oro, formando una aleación fundida. Pero es mucho más eficiente, si lo están pensando, que disolver el oro con mercurio vulgar.  Basta que uno tome un poco de antimonio triturado, colocarlo en una cuchara de acero y sostenerlo sobre una llama de vela hasta que el antimonio se derrita. Si uno coloca un poco de oro amarillo en la cuchara junto con el antimonio el oro se disolverá en el antimonio fundido en ese mismo momento, como un cubo de hielo que se disuelve en agua tibia.

Por esta razón los antiguos lo compararon al antimonio con un lobo voraz, el lobo gris de Basilio Valentín, donde precisamente se está llevando a cabo esto que digo.



El antimonio es probablemente el disolvente del oro más eficiente conocido por el hombre, más incluso que el Agua Regia, y de ahí radica su utilidad para abrir, como diría Ireneo Filaleteo, el Palacio Cerrado del Rey...

Mediante este proceso tradicional, que todos los alquimistas conocen, pero que nadie pone en práctica, se obtiene un oro mucho más sutil. Cuando el oro está en forma monoatómica, aparece como un polvo blanco fino, y cuando está en forma diatómica, aparece como un polvo rojo fino. 

Es probable, nos dice Cox, que estos fueran el "azufre blanco" y el "azufre rojo" de los alquimistas antiguos.

Ahora bien, para continuar con la operación, una vez que se forma esa asociación de oro y antimonio, se pone el producto, frio y en polvo, con mercurio vulgar. Devorará al oro pero no al antimonio, separándose una tierra negra que los antiguos llamaron "las heces del perro negro " o las "haces del lobo". Tras esta separación y su limpieza, el mercurio estará cargado de oro puro finamente dividido por el lobo.

Tras esto destilo el mercurio quedándome con el oro finamente dividido color amarillo. Pero es un oro de menor cantidad que el que había introducido. Esto porque la parte más monoatómica voló con el mercurio en la destilación. Por tanto, con el residuo del caput, vuelvo a proceder como antes, lo pongo con antimonio, luego mercurio, y destilo. Cada vez que lo hago, es un águila. Y cada vez el mercurio se llevará más porciones monoatómicas del oro.

Al final, en la 7 o 9 águila o repetición de lo mismo, el mercurio estará suficientemente aguzado de oro monoatómico, y se coloca en un matraz sellado a fuego lento durante un largo tiempo. Hay que tener paciencia. Esta operación era el secreto tan custodiado de Starkey /Filaleteo.

Eventualmente, un polvo blanco o rojo o una mezcla de los dos, evolucionará y flotará en la superficie del mercurio líquido. Este polvo no son otra cosa que partículas monoatómicas blancas o diatómicas rojas.

Los antiguos recolectaban estos polvos con una pluma, porque eran sus azufres. De esta forma obtenían el ORME en el pasado, según Robert E Cox. 

Se sospecha que como en el pasado los ácidos fueron muy estudiados, pero no disponían de atmósfera controlada, la Vía Seca tradicional tenía por fin obtener este polvo blanco y rojo con fines medicinales, y estaba bien lejos del Régulo Marcial de Antimonio  y  todo lo que vino más tarde. 

La vía húmeda, según algunos alquimistas, en realidad no se puede realizar y la única válida es la Vía Seca, porque fue la más tradicional y cuyos orígenes se remontan al antiguo Egipto. El Dragón Negro y el Dragón Rojo son los protagonistas junto con el Rey (oro).

Se nota el lomo negro y el pecho rojizo. Dos dragones en uno. 


En suma, como podemos apreciar, fabricar el ORME no es moco de pavos, ni un proceso que puedes realizar siguiendo un instructivo por Internet, con agua de mar, hidróxidos, etc...el auténtico proceso, emparentado con la alta alquimia de la Vía Seca, es algo mucho más complicado y requiere la sangre fría del artista, porque se enfrenta no a uno, sino a dos dragones. 


LA OBRA DE LOS ALQUIMISTAS

Ahora bien, si el oro filosófico fue comparado con un Rey, el mercurio filosófico sería comparado con una Reina (y de nuevo, vean la lámina de Basilio Valentín).

Si logramos casar al Rey con la Reina, en un matrimonio alquímico, finalmente tendremos algo más poderoso que el ORME del oro: la mítica Piedra Filosofal, el niño nacido de esta unión en el transcurso de 9 a 10 meses de cocción. 

La pregunta que te harás es ¿cómo preparo la Reina si el Rey se prepara con antimonio, mercurio y oro?.

La Reina es el Mercurio Filosófico, y se prepara, según Cox, con mercurio mezclado con antimonio y calentándose la mezcla hasta obtener una suspensión fundida. Al poco, un verdor florecerá en la superficie del compuesto, que recibió muchos simbolismos, hasta el punto de llamarle León Verde.  Pero lo importante es lo que está debajo del "musgo verde", o sea, la sangre del León Verde, que es el Mercurio Filosófico. 

Se decía que el mercurio ordinario era la plata viva, porque tenía en potencia la posibilidad de florecer en verdor, el color de la vida vegetal, cuando se vuelve filosófico.

Para lograr este fenómeno, los antiguos pensaba que al mercurio solo le faltaba ser infundido del Espíritu Santo. Y al antimonio le llamaron Kohl, que significa espíritu, de ahí la asociación al alcohol, como espíritu. En otras palabras: el mercurio debía ser insuflado por el antimonio para volverse filosófico. El reverdecimiento es la clara señal de que se ha logrado volver filosófica a la materia.



Una vez aparece el signo del León Verde, se apaga el fuego, se deja enfriar y se saca todo el material verdoso. Como dijimos, eso no nos interesa, sino lo que oculta. Se tritura el mercurio filosófico en un mortero y al hacerlo sudará. El líquido se debe filtrar a través de un paño de lana hasta que los jugos salgan brillantes como plata pura. Se puede destilar si se desea eliminar algún resto contaminante.

Esta es la Reina que se casará con nuestro Rey u Oro Filosófico.

Dicen que el secreto del Mercurio Filosófico es aun más profundo que el del oro. El procedimiento declarado parece sencillo, pero hay cosas que no se contaron.  Y esto es así hasta el punto que si pones antimonio y mercurio comprados no verás el verdor. Hay un secreto que, según cuenta Cox, tardó meses en descubrirlo sin no fuera por la gracia de Dios. Un secreto que nunca antes fue revelado. 


Para poner este descubrimiento en contexto, me refiero a las palabras de Eirenaeus Philalethes, quien fue visto como el último gran maestro del arte y cuyos escritos Newton estudió asiduamente. Al igual que otros alquimistas de su tiempo, Philalethes expresó sus enseñanzas utilizando un lenguaje de código alquímico. En sus escritos, el mercurio líquido oculto bajo el polo verde se comparó con las palomas de Diana (la diosa griega de la Luna) En las tradiciones alquímicas de todo el mundo, el mercurio metálico era tradicionalmente simbolizado por la luna  (luna o soma) Debido a que ocurre como un líquido que se puede destilar o hacer "volar", Philalethes se refirió al mercurio filosófico usando las palabras clave de "Palomas de Diana". El polvo verde que flota sobre el mercurio filosófico, y que abraza al mercurio filosófico en sus brazos, fue simbolizado por Venus, que era la diosa griega de la primavera, y por lo tanto, la diosa del verdor. (Robert E Cox)
El secreto, en parte, nos dice Cox, es utilizar el antimonio obtenido del régulo de antimonio, y no el comercial que no serviría para este caso.



LOS VEDAS Y LA ALQUIMIA



Hace años atrás se publicó el libro Alquimia India: Soma en el Veda. Un libro que analiza los mantras védicos demostrando su significados metalúrgicos ocultos. 

Así llegan a que el Soma, la bebida de inmortalidad, se obtenía de dos rocas, que tenían un color dorado (harita) y un color rojo o violáceo (aruna). Estos corresponden al oro cuarcita, que es de color dorado, y al cinabrio (sulfuro de mercurio) que es de color rojo o violáceo, dos de las materias primas requeridas para el trabajo mencionado precedentemente.

Pero hay más detalles. Los textos védicos dicen que los Kavis, los sacerdotes alquímicos que fabricaron el soma, compraban las materias primas para su trabajo a los Muyjavats, precisamente tribus que vivían en las montañas de Afganistán, en una región proficua de fuentes naturales de cinabrio.

Todo parece estar conectado.

Así como los hallazgos arqueológicos sugieren que el Jardín del Edén bíblico pudo ser un emplazamiento donde en inmediaciones hay fuentes naturales de las tres materias de la Obra, y que el Genesis se encarga de decirnos:

"Y el oro de la tierra es bueno. También están el bdellium y la cornalina"


El oro no hay jeroglifico involucrado. Es el oro. Respecto al bdellium, es una goma o resina, y hay varios textos del corpus alquímico que señalan el uso de una goma. 



La palabra egipcia para resina es qmyt muy parecida al nombre de la tierra de Egipto, Kmt, que significa "tierra negra": la goma, la resina, el vidrio , la tierra negra que lo provee: el antimonio. Incluso textos alquímicos dicen que esta goma es más importante que el Sol y la Luna. Y es cierto: sin el antimonio no se podría obtener los productos filosóficos del oro vulgar y el mercurio vulgar como vimos más arriba.

Y respecto a la cornalina, es esta materia:


La palabra cornalina puede significar Piedra Roja. Esto podría designar a la materia que también es roja y es una piedra y de la cual se extrae el mercurio vulgar: el cinabrio. La tercera materia en escena en la composición de la Piedra Filosofal, según la investigación de Cox. Porque según su trabajo, en alquimia del pasado, siempre se trabajó con tres materias: antimonio, oro y mercurio.


¿Puede ser entonces que el relato bíblico nos señale las materias para confeccionar el Elixir de la inmortalidad que bebían los sacerdotes/alquimistas del árbol Sagrado?. 

Una teoría sugiere que Adán y Eva eran encargados de custodiar el conocimiento, pero tenían prohibido acceder al mismo. Es a través de la tentación de la serpiente, del mercurio, de Hermes, esto es, un mensajero, que deciden probar el fruto del conocimiento y ahí son expulsados probablemente por los antiguos sacerdotes alquimistas. 

Es probable que aquellos hombres tuvieran tanto conocimiento de la naturaleza que sencillamente fueran vistos como Dioses por el resto, desafiando los límites impuestos por la carne, siendo longevos y con acceso a un saber de la conciencia que los emparentaba con la magia arcana. Adán y Eva desafiaron, tal vez como aprendices, a estos hombres y no aguardaron a esperar el conocimiento y fueron por el mismo, arrancando la manzana prohibida

Por eso los despojaron de la salud y del conocimiento auténtico, dejándoles únicamente aquello que atisbaron en el momento del hurto, y que quizá sea el retazo que nos queda hoy de la alquimia a nosotros los simples mortales... 

Pero algún día volverán aquellos tiempos, y tendremos un nuevo Jardín del Edén en nuestra humanidad, para eso debemos colaborar entre todos los alquimistas y por eso escribo todo este largo texto, para no conservar para mi todo esto que investigué. 


EXPERIENCIAS EXTRAORDINARIAS CON LA SUSTANCIA: 



Esta comprensión es consistente con los informes anecdóticos sobre el consumo de materiales ORME. Lo que sigue se transmitió en una conversación privada entre Robert E Cox y un bioquímico de gran éxito que replicó e hizo algunas mejoras en el proceso de química húmeda de Hudson diseñado para producir el polvo blanco de oro a partir de oro amarillo puro. 

Aunque esta persona desea permanecer en el anonimato para mantener su credibilidad profesional, es un amigo del autor, y puede dar fe de su integridad personal y profesional. Según su informe, logró hacer alrededor de 200 miligramos de oro ORME, a partir del oro metálico puro durante un período de aproximadamente tres meses utilizando un proceso similar al revelado en este libro. 

Pero hay una diferencia importante entre su método mejorado y el de Hudson, el otro metálico primero debe disolverse en agua regia (una mezcla de ácidos clorhídrico y nítrico) y luego digerirse en una solución clorhídrico-salina durante un largo período de tiempo. 

Después se aproximadamente seis semanas más o menos, la solución, que normalmente es de color amarillo o dorado, debe comenzar a volverse verde cuando está en un estado concentrado. Esta es la señal de que el oro se ha vuelto monoatómico. 

En este punto, Hudson nos dice que uno debe precipitar el oro de la solución en forma de hidróxido de oro monoatómico. Sin embargo, cuando uno precipita el oro en esta etapa, obtiene un polvo rojizo, marrón o como lodo, que luego debe ser recocido en un horno de tubos mientras se inunda la muestra con varios gases para obtener el polvo blanco como la nieve de oro monoatómico puro. El bioquímico, por otro lado, llevó el proceso más allá. 

En lugar de precipitar el oro a la primera señal de verdor, continuó la digestión durante tres meses completos, hasta que la solución permaneció verde, ya sea en un estado concentrado o diluido. Cuando precipitó el oro, salió como un hidróxido de oro blanco como la nieve, en lugar de un hidróxido de oro marrón, una diferencia significativa. Después de recocer el material primero bajo hidrógeno y luego bajo argón en un horno de tubos, finalmente obtuvo un polvo químicamente inerte, blanco como la nieve. 
 
Llevó a cabo el experimento por curiosidad científica. Pero, dadas las afirmaciones de Hudson de que el material induce un estado alterado de conciencia, decidió ingerir una pequeña cantidad del material inmediatamente después de que se había hecho. Así que midió una cantidad inferior a un miligramo (1/1000 de una aspirina) , lo colocó en un vaso de agua de ocho onzas y lo bebió. Sabía que el oro en si mismo podía consumirse en pequeñas cantidades sin efectos nocivos, y que este material era químicamente inerte de todos modos, por lo que pensó que esta pequeña cantidad no podría dañarlo. No hubo efectos inmediatos. 

Se fue a casa, cenó y se acomodó para una tranquila noche de televisión con su esposa. Pero unas cuatro horas más tarde, comenzó a experimentar cambios dramáticos en su conciencia, cambios que lo aterrorizaron. Inicialmente pensó que era como morirse o llegar al estado casi de la locura. Más tarde le explicó a Robert E Cox, quien cuenta esta anécdota, que su conciencia se estaba expandiendo tan rápidamente que hizo todo lo posible para aferrarse a su realidad ordinaria, distrayéndose con todo su poder.

Pero la experiencia no se fue. No se fue esa noche ni al día siguiente. De hecho, ¡Duró aproximadamente dos meses!. Durante ese tiempo, cada vez que se acomodaba para descansar durante el día o cuando se acostaba para irse a dormir por la noche, su mente comenzaba a expandirse a lugares con los que nunca había soñado, y sin ningún conocimiento de los planos espirituales superiores, la experiencia lo aterrorizaba. Imaginó que había dañado permanentemente su sistema nervioso. 

 Recordemos que todas las tradiciones antiguas asociaban los elixires alquímicos con la expansión de la conciencia, que describían como una forma de ascensión. También notó ciertos efectos físicos. Primero comenzó a experimentar destellos de calor dentro de su cuerpo. A los tres días de tomar la sustancia, su cuerpo también estalló en manchas rojas que se asemejaban a urticaria. Fue a un médico, que le realizó todo tipo de pruebas, pero todas las pruebas salieron negativas. El diagnóstico fue que estaba perfectamente sano. 
 
Al discutir su experiencia con Cox, hizo el improvisado comentario de que no durmió ni un poco durante todo el periodo de dos meses. Cuando se le sugirió que esto debió dejarlo agotado, dijo que se había sentido justo lo contrario. Se sintió renovado y alerta durante el día y también experimentó varias percepciones extrasensoriales, como saber quién estaba llamando cuando sonó el teléfono, y saber cuándo alguien había llegado afuera a su lugar de trabajo, a pesar de que no podía verlos ni oírlos llagar. 

Cuando se acostaba para irse a dormir por la noche, explicaba que se iba a un lugar donde el tiempo y el espacio no existen y permanecía despierto en ese estado, sin pensar en nada, hasta la mañana. Resulta que este insomnio es una característica común de las primeras etapas de la iluminación espiritual. En la tradición védica esto fue llamado “el estado de insomnio”. Por lo tanto, se dice que aquel que se ilumina ha conquistado el sueño. 

El cuerpo se duerme y obtiene un profundo descanso, más allá del normal y ordinario, y sin embargo, la conciencia permanece despierta, sin pensar en ningún pensamiento ni tener sueños vulgares. Lo mismo se describe en textos herméticos: 

 “Mi sueño corporal había llegado a ser una sobria vigilia del alma; y el cierro de mis ojos verdadera visión, y mi silencio preñado de bien”. (Scott Hermética) 
 
Cuando el amigo bioquímico de Cox le relató su experiencia había transcurrido 6 meses desde que ingirió por primera vez el ORME de oro. Explicó que el efecto desapareció gradualmente. Pero no se atrevió a soportar más, simplemente era demasiado poderoso. Tal vez no solo la sustancia es demasiado poderosa, sino que el humano moderno no está a la altura, tan preocupado por superficialidades, y banalidades pasajeras. 

Es necesario meditar, asociarse con la naturaleza, y luego, una vez uno se conozca a si mismo, tomar esta materia extraordinaria. 

Esto es lo que hizo Cox, y le pidió a su amigo que le enviara una muestra para experimentarlo en carne propia. Pero no solo Cox, sino tanto él como varios amigos ingirieron el ORME en pequeñas cantidades. Pero no notaron ningún efecto. Y cuando se lo dijo a su amigo, él mismo decidió probar otra vez. Tampoco notó efectos. 
 
Finalmente llegaron a la conclusión de que el oro ORME, además de ser fabricado de esta manera compleja, pierde su potencia con el tiempo. Evidentemente tiene unas propiedades inusuales al salir del horno y luego estas se pierden con el tiempo. 
 
Si el maná del desierto, como se piensa, consistiera en ORME, es claro porque se lo debía dar  Moisés rápidamente a su gente: porque perdía sus virtudes con el tiempo. No es que se pudría, sino que se iba el poder latente de la organización de átomos que tiene en su fase inicial al salir del horno. Es el motivo por el cual, en la biblia, el encargado de fabricar el maná para el pueblo en forma de tablillas u obleas, es un maestro metalúrgico, no un panadero….




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