¿Cómo fabricar la sal volátil con una sal fija?



"Todo lo que llegue al bálsamo de la vida debe ser sal", decía George Starkey, alias Ireneo Filaleteo. 

¿Cuál es la pieza clave para comprender la alquimia y lo que buscaba el alquimista?. La respuesta es obvia y a la vez compleja: es la captura de espíritus. El alquimista es un cazador de espíritus. Los embotella. Los comprime. Los unifica, y los comunica a sus respectivas materias.

Algunos deciden capturarlos del cielo mismo: son los Spiritusmundistas. Otros, los intentan extraer con procesos metalúrgicos de la materia grosera de los minerales y los metales. También están aquellos que lo hacen en el reino vegetal, un reino que los alquimistas han despreciado en pos de los minerales y las proezas más grande. Yo he sido uno de ellos. Y sin embargo, el reino vegetal esconde secretos increíbles, tal vez atisbados en la fábula de Zanoni cuando este decía:

“El elixir está compuesto de simples hierbas”

Y hemos visto ya cual podría ser la planta que faculta la posibilidad de la regeneración humana. Planta que goza de tan poquito aceite que es difícil su obtención. Ahora bien, tener su Ens es lo difícil, tal vez para muchos que no conocen los procesos.

Es por eso que deseo compartirles el proceso que dilucidó George Starkey hace siglos atrás para que podáis lograrlo en vuestras casas con persistencia y con paciencia. El secreto de una sal volátil que podrá daros grandes beneficios, como dijeron en su día Ireneo Filaleteo y Van Helmont.


DEL ALKAHEST A LA SAL VOLATIL 




En el siglo XVII la búsqueda de un Alkahest fue una causa alquímica celebrada casi tan extendida como la mítica Piedra Filosofal. Muchísimos tratados aparecieron en el transcurso del siglo abordando esta maravillosa sustancia. El propio Robert Boyle estuvo fascinado por este licor. 

Por supuesto, la preparación de un arcanum tan grande no fue y no pudo ser revelado abiertamente. Y así, Starkey, como otros muchos quimistas, pasó gran parte de su vida buscado el secreto de su preparación en declaraciones dispersas, entre ellas, en las enigmáticas palabras de Van Helmont que fue uno de los pocos con piedad hacia los buscadores o Hijos del Arte. 

Y como reconoció a sus discípulos que su búsqueda era extremadamente difícil, ofreció a sus lectores una alternativa: la volatilización de los álcalis fijos, en especial, la sal de sarro, el carbonato de potasio, que produciría un disolvente con poderes similares, aunque inferior, al Alkahest. 

“Si no puedes alcanzar este arcanum de fuego, es decir, el Alkahest, aprende entonces a hacer que la sal del tártaro sea volátil y completar tus disoluciones por medio del él”
Van Helmont también elogió a los álcalis volatilizados por romper cálculos de vejiga y riñón. El problema, claramente, está en que los álcalis no son volátiles, son sales fijas. De hecho, la sal de sarro, el carbonato de potasio, puede resistir horas al calor más intenso sin evaporarse en lo más mínimo. Es una sal refractaria.
 
Pero la sal volátil de sarro se suponía que se podía evaporar a un calor suave, por debajo de la temperatura de incandescencia. Starkey pronto se obsesionó con lograr esto: 

“Hacia el final del mes de marzo en el año 1646 comencé la práctica de la medicina en Boston, Nueva Inglaterra, y desde ese momento hasta el día de hoy en el año 1656 he dedicado mi trabajo con una mente firme a la volatilización de los álcalis, especialmente la sal de sarro.” 


Para lograrlo, según vemos en sus cuadernos, intentó de todo. Desde la utilización de espíritu de vino (alcohol), espíritu de vinagre y sal ammoniac. Y sus resultados no fueron del todo insatisfactorios. Y aunque logró preparar dos menstruos, usando el vinagre y el alcohol en la volatilización del álcali no estaba del todo satisfecho: probablemente por las propiedades de estos licores. Y pensó que probablemente no fuera el verdadero espíritu de sal volatilizada de sarro descripta por Van Helmont. 

De esto se deprende la teoría que guiaba a Starkey: pensaba que se podía inducir volatilidad en la sal de sarro usando de aliado una materia volátil. Por eso, como se venía probando desde la Edad Media, utilizó el cloruro de amonio, pero el resultado no fue satisfactorio, dejando un hedor urinario desagradable. 
 
La idea que prevalecía, no obstante, es que la materia volátil llevaba hacia arriba el componente más fijo. Más tarde en un preparado con azufre de antimonio, dejó a su asistente al fuego, pero parece que lo controló mal y se produjo un desastre, perdiendo todo lo producido. Pero como en la mezcla había sal de sarro y esta desapareció, intuyó que podía encontrar la forma de volatilizarla usando algunos productos de la mezcla. Y se encamina a esta práctica por mucho tiempo, probando con aceites, jabones, etcétera. Y así llegamos a un fragmento de su cuaderno fechado en diciembre de 1651 donde coloca un proceso conjetural seguro para lograr la volatilización de la sal de sarro utilizando aceite de terebinto (espíritu de turpentina) 



Este método consiste en destilar lentamente la sal de sarro lixiviada con aceite de terebinto para producir un precipitado negro que Starkey llamo un “Collostrum” y luego destilar un espíritu fuera de este “Collostrum”. Y dado que este “Collostrum” se produce lentamente durante la ebullición, Starkey da un paso inusual que consiste en destilar la mezcla con el pico de la retorta inclinada hacia arriba, prolongando así la destilación y maximizando así la cantidad de collostrum producido. 

Este collostrum iba entonces a ser poderosamente calentado en una réplica con lo que se esperaba que el espíritu del álcali volátil se destilase. No se tiene más indicios sobre este trabajo de Starkey, hasta que vemos una mención de Boyle de un elixir de sal volátil en su Diario Filosófico de 1655. 

No hay registro del trabajo de Starkey en este proyecto de álcalis volátiles entre 1652 y 1655, sin duda debido a sus desastres financieros, quedar muchas veces en bancarrota y sobrevivir con lo que tenía. El proceso que documenta Boyle será, sin embargo, repudiado por Starkey. Y toma una nueva dirección sus investigaciones. 

El proceso que ahora escribe para intentarlo, no solo le trae el éxito que durante mucho tiempo buscó, sino que cambia por completo el alcance del proyecto. Esta entrada en el cuaderno lleva el título en mayúsculas de ARCANUM ALKALIES. Y ahí explica cómo hacerlo detalladamente. No le costaría mucho a Starkey pasar de los azufres vegetales a los azufres minerales o metálicos. 

Y de ahí especuló toda una suerte de ideas que pronto llevaría a la práctica. Y según este nuevo enfoque, había que mezclar material vegetal en polvo con la sal álcali extraída de las cenizas de la misma planta y el aceite esencial destilado de la planta. 
 
La pasta resultante se expone al aire durante dos meses sin calentarse. Al cabo, toda la masa se cambiaría a una sal volátil y que le llama elixir. ¿Cómo se le ocurrió a Starkey este proceso donde deja de lado el calor y se aplica la exposición al aire?. 

Parece que este nuevo enfoque surgió de una cuidadosa reconsideración de la teoría de la composición del álcali junto a reflexiones de Van Helmont. Y es que en el final de uno de los tratados de Van Helmont encontramos esta referencia: 
 
“Cuando el aceite de canela , etc, se mezcla con su sal álcali, sin ningún tipo de agua en absoluto, el conjunto se convierte en sal volátil por una circulación artificial y oculta de tres meses”. 

Dos, de los tres ingredientes de Starkey, están señalizados aquí, lo mismo que la exclusión del agua. Pero en este extracto de Van Helmont no alude nada al aire. Solo a una “circulación artificial y oculta”. No especifica qué es esto. En la práctica alquímica Circulación significaría algo así como reflujo, es decir, calentando una sustancia en un recipiente sellado para que los vapores recorran el recipiente y se condensen en las zonas más frías del mismo, volviendo a correr hacia la sustancia calentada. 

Pero Van Helmont no parecería aludir a esto mismo. 

Es muy probable que Starkey haya probado de todo antes de concluir en la fórmula. Y por eso pudo identificar qué era la “circulación artificial y oculta” Por eso escribe : Cita: 

“He aprendido que esta mutación del aceite en la verdadera sal no puede ser realizada por ningún arte con tanto éxito como se hace al aire libre. Y está es la “circulación oculta y artificial” que se hace por el fuego de la naturaleza.” 

No hay dudas que, por supuesto, probó lo del aceite de canela que menciona Van Helmont. Y de hecho, habrá observado el cambio del aceite a una sal. Esto sucede porque el aceite se compone de cinnamaldehido , un líquido que da el olor característico de la canela. Tras la exposición al oxígeno atmosférico, este aldehído se autoxigena fácilmente en ácido glunámico, un sólido cristalino. 
 
El ácido resultante puede luego combinarse fácilmente con los carbonatos alcalinos en la “sal de canela” para proporcionar una sal de cinnamato soluble en agua que, como bien describe Starkey en sus cuadernos, “se diferencia notablemente de la sal álcali fija en sabor , y no se vuelve liquida en contacto con el aire”. 

Ahora, cómo llegó Starkey a sospechar de la necesidad del aire para el procedimiento, es un misterio. Puede ser fruto de su gran observación de la naturaleza, de experimentos fallidos, de lecturas que quedaron en su memoria y no lo registró en el diario, etcétera. 

Como sea, el 29 de mayo de 1655 Starkey registra esta sentencia: Cita: 

“Por fin la experiencia práctica me ha revelado todo el secreto de los álcalis volatilizantes” 

Starkey establece entonces el método mejorado de humedecer la sal de sarro con aceite de ternbina, exponiendo la pasta (sin la planta en polvo) al aire hasta que el aceite desaparezca, añadiendo más aceite y continuando este proceso durante varias semanas. 
 
Y concluye: 

“Examinando y experimentando sé y he aprendido que el aceite liso con sal simple se convierte en el Elixir, soluble en agua sin oleos en cuatro meses” 




En marzo de 1656 Starkey ha desarrollado todavía más su proceso en un protocolo consistente en exponer la pasta de sal y aceite al aire hasta que parezcan unirse, disolver el material resultante en un espíritu débil de vino, filtrar la solución y luego destilar el disolvente en una réplica para obtener una sal seca. 

Esta sal final – el Elixir de la sal volátil – es la sal de sarro ahora hecha volátil y totalmente unida con el aceite esencial, que a su vez ha sido convertido por la circulación oculta en una sal. Sin duda este éxito, tras 10 largos años buscando este Arcanum (y que ahora el lector lo tiene en 10 minutos), fue muy satisfactorio para Starkey. 

Lo importante de esta operatoria, es que fue capaz de convertir un azufre (el aceite) en una sal, y de esta manera es más fácilmente asimilable por la digestión humana. Ahora una sal, al disolverse fácilmente en agua a diferencia de un azufre, es capaz de penetrar todos los vasos estrechos del cuerpo y actuar con más fuerza. 

Por eso diría sobre su Elixir de Sal volátil : 

“Todo lo que llegue al Balsamo de la vida debe ser sal”. 

Y la lógica era que una sal ingerida sin unión o exaltación, es neutralizada en el estómago y destruida en tanto que el azufre es desalentado o expulsado, pero si los dos se convierten en una sal, esa sal suave y neutral pasará a través de la digestión “reteniendo su virtud” y entrará en todas las partes del cuerpo y el trabajo se maravilla medicamente hablando.

Por eso este arcano se ocultó tan celosamente, y por primera vez, ahora en esta web, lo descubro para todos los hermanos del arte. Espero les sirva a sus existencias este conocimiento. Como se aprecia, hacerlo es muy simple. Sólo requiere paciencia y perseverancia, y la sal y el aceite de la planta.



Fuente que ayudó a confeccionar este artículo: Al-quimera




0 Comentarios