Las DOS Vías Secas o Breves.



Yo me he preguntado, lo mismo que los innumerables alquimistas que me leen, si aquello de la vía seca empleando varias materias para prepararla, es lo correcto que debe hacerse. O si hay dos Vías Secas, o Vías Breves. 

Para el lector que desconoce de lo que estoy hablando me explico un poco. En la alquimia operativa, lejos de la mística espiritual, existen dos caminos claramente trazados: el camino largo y el camino corto, o la Vía Húmeda y la Vía Seca. La vía húmeda es una operación donde los elementos utilizados son matraces o aparatos de vidrio. Es una operación extensa, muy oculta, pero de la que hablan el 90% de los tratados de alquimia. 

En cambio de la Vía Seca, cuyo único utensilio es el Crisol, no existen casi tratados que la expliquen, y las referencias son aisladas y escasas.
 
Desde al menos el siglo XVII, especialmente por alquimistas luteranos y por Barchusen que introdujo la «vía seca.», que acortaba la Gran Obra a sólo cuatro días, es que empezó a verse la luz sobre la operatoria. 

En especial, fue el alquimista conocido como Elías el Artista, que mantuvo una entrevista con el famoso Johann Friedrich Schweitzer, mejor conocido como Helvetius, quien confesó que tardaba 4 días en tener en sus manos la mítica Piedra Filosofal. 

A esto se sumaría en nuestra época el misterioso alquimista conocido como Fulcanelli, que ampliaría la visión de Elías el Artista, explicando un procedimiento, sumamente velado y críptico, de la Vía Seca, utilizando los minerales y metales que explicó en su día Elías el Artista al sorprendido Helvetius




Pensemos algo, tantos alquimistas a lo largo de los siglos trabajando en aquellos procesos húmedos, largos, angustiantes, tediosos , incluidos los del Parergon, donde muchísimas variables pueden fallar, para que de golpe alguien diga que el Magisterio se hace en pocos días. ¿Cómo no va a sernos atractivo incursionar en este terreno?. 

En mi libro Los frutos de la Montaña de los Filósofos, abordo este tema y explico en qué consiste la Vía Seca y cómo realizarla de principio a final (con algunos detalles que por supuesto me he encargado de omitir como precia al secreto). 

Pero ahora bien, lo que no mencioné, o sí lo hice muy por encima, es la otra noción de Vía Seca de Fulcanelli y , especialmente, Cyliani que afirman ambos que es posible realizarla con una sola materia, un vaso, una operación, un horno




Entonces la pregunta se hace obligada ¿Existen dos Vías Secas?. ¿Una con varios materiales y varios crisoles, y otra con únicamente un crisol , una materia, y un horno?. 

Veamos que nos dice Fulcanelli en uno de sus arranques de ambigüedad: 

La segunda vía no reclama, desde el comienzo al fin, más que el concurso de una tierra vil, abundantemente extendida, de tan bajo precio que en nuestra época una cantidad insignificante basta para adquirir una cantidad superior a las necesidades. Es la tierra y la vía de los pobres, de los simples y de los modestos, de aquellos a quienes la Naturaleza maravilla hasta en sus más hurnildes manifestaciones. De una facilidad extrema, no reclama más que la presencia del artista, pues la misteriosa labor se realiza por sí misma y se termina en siete o nueve días, todo lo más. Esta vía, ignorada por la mayoría de los alquimistas practicantes, se elabora por entero en un solo crisol de tierra refractaria. Los grandes maestros la llaman trabajo de mujer y juego de niño, y le aplican el viejo axioma hermético: una re, una via, una dispositione. Una sola materia, una sola vasija, un solo horno. Tal es nuestro vaso de barro, menospreciado, vulgar y de empleo común, «que todo el mundo tiene ante los ojos, que no cuesta nada y que se encuentra en las casas de todas las gentes, pero que nadie, sin embargo, puede conocer sin revelación». 

¿Y que nos dice Cyliani en el prefacio de su Hermes Desvelado?: 
 
Quiero prevenir aquí no olvidar jamás, que no hacen falta sino dos materias del mismo origen: una volátil, la otra fija; que hay dos vías, la vía seca y la vía húmeda. Yo sigo esta última de preferencia, por deber, aunque la primera me sea muy familiar; ella se hace con una materia única. 
 
En efecto, y como ya adelanté, el asunto se haría con una sola materia. No dos, ni tres, sino sólo una materia que sin revelación es imposible conocerla. Pero que Cyliani nos adelanta: 
 
“Debo añadir que la materia propia para la obra es la que ha servido para formar el cuerpo del hombre primitivo: ella se encuentra por todas partes en todo lugar, bajo diversas modificaciones; su origen es celeste y terrestre, el fuego de la piedra igualmente.” 
 
Esto podría conducirnos a pensar en una tierra, una tierra adámica, que sirvió para formar el barro elemental del propio ser humano. Esa tierra que está en todos lados y en todas las casas, como dice Fulcanelli. En otras palabras, y parafraseando a Fulcanelli, es “la tierra y la vía de los pobres”. 
 
Sin embargo, no es la tierra vulgar, aunque todo nos lleve a pensar en ello. Se trata, indudablemente de otra cosa. Porque, como dice Cosmopolita“la tierra común no vale aquí para nada”
 
¿Cuál es esa materia?. En virtud de los trabajos en la Vía Seca uno puede empezar a vislumbrar la luz sobre esa materia y cuál podría ser la misma. Pero únicamente trabajando en la Vía Seca tradicional es posible entender la otra Vía Seca más oculta. Quizá, Fulcanelli cuando explicó lo mejor que pudo esta operatoria, tenía por idea arrojar luz sobre la vía del humilde, donde realmente se precisaría 1 solo crisol, una sola operación (cocer) y un solo horno. Trabajaremos en ello y en Instagram adelantaré algunos avances de la operatoria. En tanto, mantengo unos diálogos intensos e interesantísimos con un adepto que me está favoreciendo con su guía.

Y como sea el asunto, volviendo a la Vía Seca tradicional de Fulcanelli, Canseliet, Puche Riart, y tantos otros artistas, el asunto clave es obtener el León Verde, el Sello de Cristal de Hermes.








Para finalizar, dejemos lo que dice Eugène Canseliet, en una entrevista con Robert Amadou en Le Feu du Soleil de 1978: 

“El espíritu es atraído por la materia. Si ofreces al Espíritu un cuerpo vítreo, un fondant por el que puede atravesar, el Espíritu lo colorea de verde. La simple sustancia será suficiente, sin ningún dispositivo especial. Bastará con pesarlo y la diferencia es tal que se mide en gramos. Todo eso es mucho más que simples rastros. El Espíritu sí pesa. No solo colorea, es el color, es materia… .. ”

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