LA TINTURA DE TÁRTARO Y LA MEDICINA SECRETA




La tintura es la parte más activa de algo. Extraída como corresponde atrapa el principio activo de alguna cosa, (planta, mineral) y tiene muchos usos en  medicina. 

Ejemplo : la tintura de la menta, nos provee los principios activos de la menta. Es mucho más eficiente que tomar un té de menta, pero la lógica de su extracción es semejante: un líquido sobre el vegetal. 

El resultado es un licor mucho más poderoso y con los principios activos extraídos con mayor concentración. Por eso se utilizan soluciones alcohólicas. 

Eso permite que 20 gotas de una tintura alcohólica en un vaso de agua nos dé la medicina que tiene la planta más eficiente que usando agua caliente a modo de infusión. 

En el caso del tártaro sucede lo mismo. 

Sólo que es complicado para muchos extraerle su esencia o tintura. Pero el procedimiento es muy simple y ahora lo divulgaré. A la vez, verán que nos arroja luz sobre otro proceso que fue conservado con mucho secretismo.

El procedimiento está declarado en la Cadena Dorada de Homero:
 
“Tomad de su tártaro, seis libras, o bien de cepas de viña.  Poned cuatro libras en un pote no vidriado, sin cubrirlo; poned las otras dos libras en otro pote que taparéis y sellaréis bien. Poned estos dos potes en un horno de alfarero, hacedlos enrojecer bien y calcinar. Al retirarlos del fuego, encontraréis la materia del pote abierto blanca, y la del pote cubierto negra. Lixiviad la masa blanca en el agua, filtrad, coagulad, y hacedla fundir en un crisol. Tomad después la materia negra, pulverizadla y mezcladla poco a poco con esa sal de tártaro fundida hasta que fluye muy espesa y de color azul negruzco. Vertedla entonces muy rápidamente en un mortero de fundición para pulverizarla; poned el polvo en un matraz, verted arriba espíritu de vino rectificadísimo, ponedlo a un calor dulce noche y día, y extraerá la tintura. Decantadla suavemente de los residuos, y tendréis la verdadera tintura de la sal de tártaro.”

Ahora, si está tintura la evaporas dulcemente, obtendrás en el fondo un polvillo, por eso dice el autor: 

  “y si tenéis curiosidad de saber cuánta tintura contiene vuestro espíritu de vino coloreado, no tenéis más que destilarlo al baño maría: no encontraréis más que una pequeña cantidad de polvo que es el azufre del carbón, que actúa tan potentemente” 


En efecto, en párrafos precedentes en el mismo texto hay toda una disertación sobre el carbón y como es la pieza clave para la medicina, cómo es capaz de ser el ácido que le falta al álcali (la sal tártaro). No debe quedarnos dudas de algo: la sal tártaro se la llamó así al producto del residuo de los vinos, pero que mayormente es carbonato de potasio. 

Por tanto, la sal tártaro no es otra cosa que el carbonato de potasio que todas las cosas vegetales quemadas dejan tras lixiviar sus cenizas. 
 



Pero el secreto está en sumarle el carbón. Por eso dice: 

 “Considerad entonces, señores quimistas, que al arrojar el caput mortuum o el carbón, arrojáis una tintura que en tan pequeña dosis hace efectos tan grandes que cierto autor la ha vendido como un oro potable astral, y le ha atribuido virtudes increíbles, imaginándose que había sacado del aire el azufre del sol en los días cálidos de verano. Sin embargo todo no provenía sino de un poco de polvo de carbón, que había saltado en el nitro fundido.” 

Ahora bien,  esta última afirmación nos conduce a la medicina secreta de Poterius

Como declara Grimaldy: 
 
“La mayor parte de los hombres que se entregan a la ciencia de la medicina, están aferrados a la composición de sus diversos remedios particulares. Sea por amor propio o por cualquier otro motivo, han escondido cuidadosamente el secreto al público. Hipócrates, tenía un específico contra la peste. Silvio poseía una sal de una gran virtud. Riviere, un febrífugo que ha dado bajo el velo de un enigma. Van Helmont, Poleman, Helvetius, de nuestro tiempo, tienen también específicos maravillosos.” 
 
En este sentido Poterius no se escapó a la regla. Y ocultó celosamente su medicina. Se ha investigado, y se ha intentando explorar con qué lo hacía, imaginándose infinidad de materias para su fabricación, pero fue prácticamente imposible descifrarlo. La solución a la materia la encontramos, afortunadamente, en las Obras Póstumas de Grimaldy: “Este admirable remedio se hace mediante la sal nitro muy pura”. 


 

La primera parte corresponde a purificarlo muy bien. La segunda, es la cocción ya que “por medio de esta adquiere una virtud admirable”.  Poterius, para confundir, da diversos nombres para referirse a la misma materia, el ardid clásico de los alquimistas ocultándose en decknamenes: le llama sal sulfurosa, agua seca, sal hermafrodita, etc. 

LA OPERATORIA COMPLETA
 
La idea es poner el nitro muy puro en un crisol y fundirlo, una vez fundido hay que echarle un poco de carbón triturado. Esto producirá una reacción que en mi canal de Instagram podrán apreciar si buscan el video.
 
En las Obras Póstumas encontramos: 
  
“Cuando esté fundido, echadle un poco de carbón triturado, veréis inmediatamente como se enciende con el Nitro y se mueve sobre la superficie de esta sal hasta que sea enteramente consumado. Poned un poco más, continuad hasta que no se produzca más acción entre el carbón y la sal, romperéis entonces vuestro crisol, haréis una lejía de toda vuestra materia, filtradla y evaporad, y tendréis un Nitro fijado por la unión del azufre del carbón que le habéis dado en esta calcinación. Reiterad sobre esta sal esta misma operación, hasta tres o cuatro veces, es así como el autor lo prescribe en el segundo libro de su farmacopea” 
 
Esto nos da “una sal dulce y agradable, un imán que tiene el poder de extraer la virtud de las cosas con las que se une” 
 
Y el paso final para obtener esta medicina es el siguiente: 
 
“Poned esta sal así preparada en una cucúrbita, con tanto de buena agua de vida, en la cantidad suficiente para disolverla, cerrad y enlutad bien este vaso con otro que lo reencuentre, ponedlo en digestión, sea en el cálido estiércol de caballo, o al baño maría, durante ocho días, después tras haberlo retirado, situadlo en la bodega o en otro lugar frío y vuestra sal se congelará en cristales dulces y agradables. Si la deseáis con un más grande dulzor, disolvedla en una nueva agua de vida, hacedla nuevamente cristalizar y tendréis finalmente lo que habéis soñado.” 
 
Yo lo hice en este artilugio, y al poco se fue tornando dorado:


Esta medicina parece ser óptima para muchísimas dolencias, en particular, las estomacales, pero su poder y virtud parece extenderse muchísimo más. Y si consideramos que la “mayor parte de nuestros males procede ordinariamente de la imperfección de nuestras digestiones.  Así, no hay remedio que no se deba buscar con más cuidado, ya que regula en todo el cuerpo la acción de los fermentos, pues la naturaleza se sirve para mantener todas las partes y ayudar a destruir lo que puede ser obstáculo a las funciones de la vida.” (Obras Postumas)

Ahora bien, debemos tomar en consideración que el nitro al calcinarse nos deja carbonato de potasio, de nuevo, y que al añadirle el carbón, estamos haciendo exactamente lo mismo que con el tártaro, explicado convenientemente en la ACH, que también se vuelve carbonato de potasio. 
 
Es decir, que si quemamos una madera y sacamos sus sales por lixiviación, tendremos la posibilidad de que las mismas nos den una sal blanca y otra negra (el carbón) Estas dos sales, según se haga en crisol abierto o cerrado: 




Por tanto, si lo hacemos con sales de acacia, como algunos sospechan que en esa madera funciona mejor que nada, sería casi lo mismo.  Solo será necesaria mayor temperatura. Fundimos la sal blanca, extraída de cenizas de la madera, como un caldo, y le añadimos la sal negra poco a poco, y al producto lo tratamos como describen los textos: obtendremos una materia que, arrancada con buena agua de vida, que no es otra cosa que espíritu de vino rectificado, nos dará su tintura. 


REFLEXION FINAL

Da lo mismo si usas nitro o un carbonato de potasio, la única diferencia está en el fuego para fundir estas materias. En nuestro caso, al probar la medicina de Poterius de verdad no nos dio nada en el organismo. No hubo ningún cambio ni sensación perceptible. 

Por tal motivo no recomendamos que pierdan el tiempo fabricándola. Es más fácil tomarse un carbón activado para el estómago que compras en cualquier farmacia.


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