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Lo que opino sobre el oro : oro en la alquimia


He dicho muchas veces que el oro no entra en la Gran Obra. Pero siempre que lo he dicho, me refería al Magisterio Universal. 

Ciertamente, y como incluso el autor de Recreaciones Herméticas lo afirma, el oro puede ser un atajo a la Piedra Filosofal

En mis nociones meramente puristas de la Obra, y de forma personalísima, es que no incluyo el oro. Pero otros muchos alquimistas lo han hecho en la historia y la modernidad y con resultados excelentes. 

Me gusta citar a menudo los trabajos de Nicolas Valois, porque declara sobre el oro una gran verdad: 



Para Valois el Agua o SM es la llave o Diana que ilumina en la oscuridad de la noche para salir del laberinto alquímico. Y menciona el axioma del “ayúdame y te ayudaré”, para dar a entender que el Agua penetra el oro y libera del oro la semilla que se busca multiplicar para obtener las cualidades de Piedra de los Filósofos

¿Es posible hacer la obra sin oro?. Sí. La forma de proceder es obteniendo el desecho de nuestro mercurio en cada sublimación o águila filosófica. De nuevo, en Recreaciones Herméticas está el procedimiento. 

Lo importante siempre que se trabaja con oro es que sea lo más sutil posible. Y esto, de alguna manera, nos lo dice la medicina sobre la salud humana. 

Veamos un poco.



En 1935 salió una publicación en el periódico médico Clinical Medicine & Surgery titulada El oro coloidal en cáncer inoperable, por Edward H Ochsner, Cirujano del Hospital Augustana. 

 Decía: 

“Cuando la condición carece de esperanza, el oro coloidal ayuda a prolongar la vida y la hace más tolerable, ayudando a acortar el periodo de cachexia (desgaste físico y malnutrición) y la necesidad de opio (narcóticos) en la mayoría de los casos”. 

El oro coloidal, se suele utilizar mayormente para tratar las dolencias de los huesos, como la artritis. Y en el medioevo no pocos alquimistas hacían derivados del oro para estos menesteres. En Roma también se lo utilizó para úlceras de la piel. No por nada, debido a su baja toxicidad y su resistencia, fue empleado por los dentistas egipcios hace 4500 años. 

En 1890, el Dr. Robert Koch descubrió que el bacilo de la tuberculosis no podía vivir en una solución de oro coloidal. Su trabajo le valió el Premio Nobel de Medicina. 

Por eso, este metal tiene amplia aceptación en la comunidad médica y científica. Y hasta se lo ha utilizado para retardar el cáncer de próstata en los hombres o cáncer de ovarios en mujeres, empleando el oro coloidal para destruir células cancerosas sin dañar las células sanas. 

En suma, el oro no debería dejarse de hacer notar. Puede acortar la obra, puede llevarnos a la piedra filosofal y, en suma, darnos la corona del adeptado. 

Por otro lado tenemos a Limojon Saint Didier. 

Este alquimista que coronó la Gran Obra, afirma que existen tres clases de oro. Veamos qué dice: 

El primero es un Oro astral, cuyo centro está en el sol, que con sus rayos les comunica al mismo tiempo que su luz, a todos los astros, que son inferiores a él. Es una sustancia ígnea, y una continua emanación de corpúsculos solares, que estando en perpetuo flujo y reflujo, por el movimiento del sol, y de los astros, llenan todo el universo; todo es penetrado por él en la inmensidad de los cielos sobre la tierra, y en sus entrañas, respiramos continuamente este Oro astral, estas partículas solares penetran en nuestros cuerpos y se exhalan de ellos sin cesar.

El segundo es un Oro elemental, es decir que es la más pura, y la más fija porción de los Elementos, y de todas las sustancias, que están compuestas de ellos; de suerte que todos los seres sublunares de los tres géneros, contienen en su centro un precioso grano de este Oro elemental.

El tercero es el hermoso metal, cuyo brillo, y perfección inalterables, le dan un precio, que hace que todos los hombres le consideren como el soberano remedio de todos los males, y de todas las necesidades de la vida, y como el único fundamento de la independencia, de la grandeza y del poder humano; por esto no sólo es codiciado por los más grandes Príncipes, sino también deseado. por todos los pueblos de la tierra 

Respecto al oro vulgar, Limojon Saint Didier afirma: 

Después de esto, ya no os será difícil concluir que el Oro metálico no es el de los Filósofos, y que no es sin fundamento, que en la disputa de que se trata aquí la Piedra le reproche, que no es tal, como piensa ser: sino que es ella, la que guarda en su seno el verdadero Oro de los Sabios, es decir las dos primeras clases de Oro, de las que acabo de hablar 

Esta claro eso. Por eso he dicho en innumerables ocasiones, que si obtienes el SM que yo explico en mi libro Legado Hermético, de la manera en que lo explico, aquel SM puede dar su propio oro filosófico: su propio Oro elemental. Y con el mismo llegar a la piedra filosofal

El problema es que los tiempos al trabajar con vacío son imposibles de mermar. Se deben respetar y garantizar el vacío. Y a veces se pierde y no funciona, se ocasiona una frustración que hace que se mire con cariño los imanes filosóficos

Es entendible. Y no está mal. Los imanes filosóficos, de todos los que hay, dos garantizan llegar a la Gran Obra pero utilizando el metal del oro, ya que muy difícilmente – que no imposible - de una materia especificada renazca un Oro Elemental

 Es todo lo que debo decir sobre el oro. Hay estudios realmente científicos que avalan su eficacia, y la de los coloides. Y si la ciencia no lo desprecia, ¿Quién somos nosotros para ser más puristas que los puristas?.