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El LSD para evitar el miedo a la muerte

Un viaje psicodelico fuera de la Tierra

Si iba a morir, rezaba el lema, mejor hacerlo con LSD. A mediados de la década del 60, casi todo el mundo había oído hablar, y hasta probado, los efectos del LSD. Y fue por esa época que surge en escena el doctor Eric Kast del Mount Sinai Hospital. 

Albert Hofmann, el hombre que descubrió LSD. 
Este médico estaba persuadido que el LSD para recreación debía probarse en algo mucho más importante: los grupos de enfermos terminales 

No tenían mucho más que perder, y todo lo que podría ofrecerle la droga habría de servir de beneficio a la experiencia de la muerte. 

Y Kast decidió experimentar con varios pacientes. Había observado que los enfermos terminales estaban a menudo muy angustiados por sus inminentes muertes. Obviamente, se sentían deprimidos y vacíos, en sus últimos días sobre la Tierra. 

Kast diseñó este experimento precisamente por notar esto en los moribundos: quería brindarles una mejor experiencia al momento de enfrentarse a la muerte. Y así fue que les suministró día a día LSD a sus pacientes. 

Y no era disparatado. Kast sabía que la sustancia del LSD generaba en los receptores del cerebro una sensación de armonía. Un “sentimiento de felicidad en el océano”, diría más tarde. Valía la pena probarlo.

Tras examinarlos con pruebas y test de todo tipo, seleccionaron 80 pacientes. Sus expectativas de vida estaban entre las dos y los seis meses nada más. 

Uno a uno, se les suministró 100 microgramos de LSD. Al salir, los escoltaban investigadores del doctor, tomando notas in situ del viaje que estaba iniciando la persona. 

Timothy Leary. AP


Si los pacientes mostraban algún signo de miedo o perturbación se les suministraba un antipsicótico enseguida: la clorpromazina. En la gran mayoría les fue necesario el antipsicótico a las 10 horas de haber recibido la droga. 

El tiempo fue pasando, y cada vez tenían más anotaciones los investigadores. Al poco, los resultados dieron esperanzas. 

De los 80 pacientes , 70 dijeron que habían obtenido “nuevos conocimientos” a través de la experiencia lisérgica. 68 de estos pacientes pidieron continuar con el experimento. 

Según Kast, notó que había signos de mejoría. Y los pacientes tenían ahora otra actitud ante la vida. Antes, durante y después de la prueba, Kast pidió a los pacientes que indicaran cuál de las siguientes tres afirmaciones se acercaba mejor a su estado mental actual: 

• a) “Quiero morir, la vida no tiene nada que ofrecerme”.
• b) “Me gusta la vida, pero no tiene ningún significado para mí”.
• c) “La vida es increíble, y el concepto de muerte no me asusta”. 

Como era de esperar, antes de la prueba los pacientes habían seleccionado la primera opción. Pero al adentrarse en la experiencia con LSD, la afirmación número tres fue la seleccionada por la gran mayoría. 

Kast escribió: 

Al parecer, la vida parece ciertamente más positiva cuando se está de ácido, incluso aunque te estés muriendo de cáncer. 
Representación de un viaje psicodélico. Wikimedia Commons

Ahora bien, con el transcurrir de los días, los estados de ánimo de los pacientes se direccionaron a la segunda de las afirmaciones. El dolor no mitigaba en los pacientes, pero se enfocaban menos en él. El doctor pensaba que la droga les estaba reconciliando con sus propios cuerpos, y al no preocuparse por ellos, los habían familiarizado a los dolores y molestias. 

La serie de estas experiencias crearon en el grupo de pacientes un sentido de hermandad que sorprendió al doctor Kast. 

Así fue como Kast acabó escribiendo todo un alegato a favor y respaldo del LSD

Los resultados de este estudio parecen indicar que el LSD es capaz, no sólo de mejorar pacientes terminales, haciéndoles más sensibles a su entorno y familia, sino que también aumenta su capacidad de apreciar los sutiles y estéticos matices de la experiencia. Los pacientes que habían estado apáticos y deprimidos se conmovieron hasta las lágrimas al descubrir una profundidad de sentimientos de la que no se veían capaces hasta entonces. Aunque de corta duración y de manera transitoria, este estado de felicidad de las cosas fue un cambio bienvenido en sus vidas monótonas y aisladas, y el recuerdo de esta experiencia días más tarde, a menudo creó una exaltación similar. 

El doctor finalmente ayudó a muchos pacientes a morir en un estado mental positivo y feliz, y esto hizo que sugieran investigaciones paralelas, como la del psiquiatra de Los Ángeles, Sidney Cohen. Incluso se dice que al propio Aldous Huxley - escritor y precursor de los psicodélicos, inspiración para Carlos Castaneda y sus libros chamanicos - en su lecho de muerte su esposa le suministró una dosis de LSD, y escribió en un papel como epitafio: “Try LSD 100 mm intramuscular”. 

Hubo muchos más estudios y pruebas con el LSD, y los resultados fueron similares a los aportados por Kast. Pero si todo ha sido positivo, ¿por qué hoy día se los deja morir a los pacientes terminales a la buena de dios?. Porque las organizaciones que financiaban estos estudios dejaron de hacerlo en la década del 70 y 80. 

El doctor Harry Williams y el doctor Carl Pfeiffer experimentando con LSD.


Hoy día se experimenta con otras cosas para ayudar al paciente en ese transito entre la vida y la muerte, como por ejemplo, la tanatología y el uso de la música. 

Esto no deja que la gente use el LSD como divertimento. 

O, como una nota sugiere, para desayunar en Silicon Valey y rendir mejor en el dia. Esta moda la propagó un psicólogo que experimentó personalmente con microdosis. Y compartió sus resultados con el público. 

Dice: 

Toma una microdosis cada cuatro días y haz notas cada día de tu experiencia (...) Aproximadamente 10 microgramos de LSD, nunca más de 1-2 miligramos (...) Si sientes que tu trabajo o tu concentración empeora, toma una dosis más pequeña en el siguiente ciclo (...) Si, por cualquier motivo, sientes que los efectos son incómodos, deja de tomarlo 

Dicen que de esta manera, por microdosis, evitan tener el efecto alucinógeno. Sin embargo, en un episodio reciente del podcast Reply All, el creador del programa comenta que, mientras experimentaba con microdosis, sus compañeros de trabajo lo encontraron “maniático y raro”. 

Suministrarse drogas de forma rutinaria no creo que nunca sea bueno. 

EL ESTADO SUPERIOR DE CONCIENCIA CON LSD 

Imagen: Universidad de Sussex.
Durante mucho tiempo las personas que experimentaron LSD decían que alcanzaban con la droga estados superiores de conciencia. 

Pues bien, un reciente estudio de la Universidad de Sussex parece corroborarlo. 

Estudiaron la actividad del cerebro, como podemos ver en las imágenes, y se descubrió que había un incremento de la actividad cerebral cuando se consumía LSD

El estudio, sin embargo, no significa que aunque sea un estado superior de conciencia sea un estado deseable. Es poner a trabajar distinto al cerebro para percibir la realidad que nos rodea. En mi opinión, es poner en cortocircuito el cerebro. 

Siendo alterado de esta manera, jamás habría sido apto para nuestra supervivencia como especie evolutiva. Pero… 

Uno de los científicos que participaron en el estudio aseguró que: 

“Las personas suelen asociar frases o ideas como “un estado superior de la conciencia” a los hippies y tonterías místicas y supersticiosas. Pero este estudio podría ser el principio de la desmitificación de este término, revelando sus bases biológicas y fisiológicas”. 

Sea como sea, es interesante seguir estudiando los efectos del LSD, y quizá en un futuro obtengamos aquellas drogas del libro Un Mundo Feliz, de Huxley, no dañinas y que nos dejan en un estado perfecto de felicidad. 

Pues la felicidad, como el amor, y muchas de las emociones humanas, no son otra cosa que pura química. Somos seres químicos en reacciones constantes.