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La lucha contra las superbacterias

El británico Richard Henderson, uno de los tres ganadores del Nobel de Química, muestra un modelo de una bacteriorodopsina en el Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge, Reino Unido. Victoria Jones//dpa


El descubrimiento provino del equipo del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC en Madrid, España: lograron dar con una molécula capaz de hacer frente a las superbacterias resistentes a múltiples fármacos. 

Mediante el diseño de cierta molécula, fueron capaces de acabar con el entramado celular que hace que ciertas bacterias sean inmunes a los antibióticos típicos. Para los científicos era una “amenaza catastrófica” que las bacterias se volvieran superbacterias, esto es, cepas de bacterias que por selección natural se vuelven resistentes a varios tipos de antiobioticos que terminan no produciendo nada al ser humano. 

Estas bacterias logran esta resistencia mutando su ADN a lo largo de generaciones. Por fortuna, estos científicos lograron el año pasado contribuir a la salud de la humanidad presentando este hallazgo. 



Es por eso, cuando muchas veces oigo a alguien decir: “estoy con gripe, ahora me tomo un antibiótico y ya está”, no dejo de pensar en el riesgo de la afirmación y el automedicarse. 

Cuando se trata de enfermedades de origen viral, se van como vienen: tras su proceso evolutivo propio los síntomas desaparecen. Se puede paliar los síntomas, con antifebriles, antiinflamatorios, pero no acabar con la patología hasta que cumple su ciclo según cada virus. 

Los antibióticos, en este caso, son inútiles. Pero tomarlos, vuelven más resistentes a ciertas bacterias en el organismo, preparan cepas para convertirse a posteriori en Superbacterias. 

Los antibióticos, lo dirá cualquier médico, sólo se suministran cuando los síntomas no mejoran en el lapso de días o se ha dictaminado positivamente un contagio bacterial.