En busca de la receta de la inmortalidad

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El biogerontólogo Aubrey de Grey, llegó a Mountain View para gastar una herencia de más de USD 12,5 millones en un centro que investigue de qué manera se puede alargar la esperanza de vida en unos 1000 años. 

Y allí, en Silicon Valley, con su aire místico y anacrónico – barba hasta la barriga y el pelo con cola de caballo – afirma en su Fundación de Investigación de Estrategias Diseñadas para una Senectud Insignificante (SENS por sus siglas en inglés)que será posible en un futuro.
"Al reconstruir el orden estructural de la maquinaria viva de nuestros tejidos, esas biotecnologías de rejuvenecimiento van a restaurar el funcionamiento normal de las células y las biomoléculas esenciales del cuerpo, lo cual hace que los tejidos envejecidos recuperen la salud y devuelvan el vigor juvenil", dice la página de internet de SENS.
A igual que quien escribe esto, piensa que hay una deshonestidad intelectual de la comunidad científica al pensar que la muerte es inevitable. En el SENS, argumentó, se crea la medicina del porvenir y que se basa en la reparación.
"En esta fundación de investigaciones creemos que es posible un mundo libre de enfermedades causadas por la edad", dice la web de la institución.
 ¿Cómo explicarle a este científico que lo que busca está al alcance de sus manos, que lo que busca, esa regeneración, es un hecho comprobable?. Que el secreto lo sabían los antiguos y se escondía en el vientre del aire. 

Si los sabios de todos los tiempos no lo dan a conocer es únicamente para no cargar consigo el peso del mundo, y para que , como dice el autor de Recreaciones Herméticas, no se autodestruya la humanidad. 

El objetivo de SENS es la eliminación definitiva de las enfermedades que, con el paso de los años, conduce a una senectud terrible. De Grey no piensa en inmortalidad, sino en una especie de “Senectud insignificante”. 

Es encomiable lo que busca, pero esta medicina, si fuera dada al mundo, la dominarían las cepas más ricas de la población, creando una suerte de dictadura de quien vive y quien no vive. Y eso va en contra de la voluntad misma del Creador.