El Don de Dios solar

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Foto Belgian alchemist: Sebastién

Sé que esta entrada puede interesar a muchos que trabajan con las vías solares. Existen métodos de capturar el Fuego Solar, dilucidado en el tratado Artificio, y otros menos conocidos que trabajan algunos alquimistas en incógnito. 

Si uno se pregunta si en la gran obra es necesario el llamado Don de Dios, les puedo decir que sí. Pero ¿Qué es el Don de Dios? ¿Es una elección arbitraria del Altísimo sobre la criatura humana que trabaja más eficazmente o que tiene nobleza en el corazón?. 

El Don de Dios, es justo se sepa, es algo que todos tenemos encima de nuestras cabezas: la vida solar. El sol. Es por eso que, en Egipto, el Sol era un Dios. Porque portaba la vida misma. La luz es un Don de Dios, y por tanto, si encontramos un medio o una materia donde comunicarla, podemos estar en presencia del más grande secreto. 

Ya lo dijeron los alquimistas: «Captad un rayo de sol, condensadlo en forma sustancial, nutrid de fuego elemental ese fuego espiritual corporizado, y tendréis el mayor tesoro del mundo» 



El sol nutre y hace vegetar nuestros alimentos, de modo que tienen partículas solares. Podríamos decir que comemos partículas solares para nuestra subsistencia. 

Esto debería orientar al estudiante de nuestro arte a comprender que la materia prima alquímica en realidad es una primera materia, es decir, la definición exacta es que se trata de la materia que encontramos al comienzo del mundo, que ha hecho posible el mundo. 

Por eso se dice todas las cosas tienen nuestra materia, porque el sol, incluso a los minerales enterrados bajo tierra, les brinda su energía, su luz o radiación. 

¿Acaso no es una indicación preclara que los adeptos en el pasado le hayan otorgado a su materia varios nombres indicando así su valor universal y no particular?. 

El sol es movimiento. Se puede utilizar un sol negro, como refiere El Cosmopolita, y también drenaremos su poder energético concentrando lo que es dado en llamar Spiritus Mundi

Pero un método interesante, es tomar un vaso con agua, colocarle un clavo y un imán del lado de afuera del vaso, y concentrar con una lupa la luz solar. 

El sabor de esa agua varia, y hay quienes le achacan propiedades alquímicas curativas (yo lo veo más como otra cosa). 

Ahora bien, se puede concentrar el fuego solar en una materia específica y conservarla en un frasco en particular. En otra entrada, enseñaré el procedimiento.