El fuego en la experimentación

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Se sabe que existen muchos fuegos en la Gran Obra. Pero sólo uno primordial: el tercer fuego, el de la putrefacción. Sabemos que todas las cosas contienen su propio fuego. En algunas, dicha manifestación puede ser sensible a nuestra vista, tal es el caso de la pirita, en otras a nuestro tacto y olfato, tal es el caso del fuego de naturaleza contenido en cada cosa y que se pone en funcionamiento cuando se fermenta algo. La clave, dicen los sabios, es pudrir. Es la forma en que la naturaleza trae una generación. El Cosmopolita, sugiere que la primera putrefacción es fundamental, pero la segunda es divina. Este es, a fin de cuentas, el «movimiento» necesario para arrastrar a este mundo el Espíritu Universal. Es conveniente llevarlo a cabo cuando el sol concede el poder a la luna y su esplendor es el idóneo. Dos días dura esa cosecha de espíritus astrales. En resumidas cuentas: se forman dos sales, una sobre los bordes del frasco; otra en el fondo. La reunión de ambas engendra nuestra Agua misteriosa al que muchos llamamos Spiritu Mundi.