El Agua de vida y las materias particulares

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Durante muchos años la utilización de materias específicas ha conducido la vida de muchos investigadores de la naturaleza a un reino específico. Se puede pasar años probando las virtudes del antimonio, o siguiendo la vía del cinabrio. Pero esto, no me cansaré de decirlo, no es la Obra de los sabios. 

A veces, cuando leemos a los antiguos que hablan de una Piedra, que conforma nuestra Materia – o Sujeto de la obra – inmediatamente pensábamos en minerales, en sales, en cenizas, y ese acervo innumerable de posibilidades. Intentamos desentrañar lo que nos quieren decir, buscando en nuestra imaginación los posibles candidatos como elementos a utilizar. 

Pero una respuesta a esto puede sacarnos de nuestra confusión: nuestra Piedra, esa materia que usamos para hacer la obra, es una cosa en si misma y, por tanto, lo contiene todo. Y eso significa que es mineral, vegetal y animal. 

De cada reino extrae lo que la define: «Es llamada mineral porque es una minera, animal porque posee un alma y vegetal porque crece y es multiplicada», nos dice Ramon Llull. 

Esto significa que si usamos un mineral, por ejemplo, la pirita, para nuestros trabajos, ya de por si descarta los dos reinos restantes; lo mismo si usamos las cenizas de algún árbol en particular, o bien los restos orgánicos animal como pudiera ser la sangre o la orina. Si usamos un reino en particular, los restantes quedan descartados y, por tanto, no puede tratarse de nuestra materia o Piedra. 

Este es el milagro que presenta nuestra «Agua de vida», Piedra o Mercurio, también popularizado como Spiritus Mundi o Espíritu Universal. Una vez la tienes, no necesitas buscar más nada, porque todo se hace con ella.