Respecto a nuestro Agua

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Ya lo hemos leído en el libro Recreaciones Herméticas y en otros tantos tratados, el agua vulgar no nos es útil para la obra como materia en sí misma. Dejemos que Nicolas Valois sea más preclaro: 

«Algunos han considerado que el agua, primer principio de los filósofos, era la simple agua elemental, o de lluvia, o de mar; o que era el rocío del cielo. Otros, la han buscado en las simples hierbas, en los animales y en otras cosas heterogéneas, interpretando siniestramente el decir de los filósofos y apegándose a sus palabras en vez de captar sus intenciones, como por ejemplo cuando hablan de aguardiente, de vino tinto o blanco, de vinagre, de aceite de tártaro y de cosas parecidas, o bien del agua de nuestro mar. Has de saber que hablar de diversas maneras; así, cuando dicen «nuestra» tiene otro sentido. En efecto, si dijeran «agua del mar» podríamos sentirnos decepcionados en este punto, pero el agua de «nuestro mar», que es el mar de los filósofos, es otra cosa. Por «nuestro mar» entienden: 1. La generalidad de dicha agua, ya que está por todas partes, en todos los lugares. Está en el cielo, puesto que el cielo la engendra; en el aire, porque no es más que aire, y en la tierra, para producir en ella todas las cosas.» 

Sin embargo, es bueno recordar que la materia que buscamos es de la misma especie de la cual la engendramos. Y que, como el grabado del Mutus Liber que vemos aquí debajo, la gota que la constituye es doble en sus características: está compuesta por el Sol y la Luna, es un extracto de ellos. Como «hija» de los mismos, tiene las cualidades de cada uno de sus padres.