Lo nuestro, en el arte hermético

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Para salir del galimatías en que probablemente nos encontramos muchas veces cuando estudiamos la filosofía de la naturaleza, es importante comprender algunos conceptos básicos que pueden confundir a la inmensa mayoría. 

Cuando los filósofos hablan de nuestro mar, de nuestro mercurio, de nuestro oro, hacen alusión a una materia que no se encuentra en forma vulgar sobre la tierra, sino que se recoge de nuestras minas. 

La palabra «nuestro» refiere a la universalidad de la sustancia, a la posibilidad de hallarla donde quiera que vaya el hombre, y a que es una producción del artista en concurso con la naturaleza y no algo que se pueden encontrar aislado en cualquier lado dejado por la mano de la naturaleza. 

Por eso, cuando se habla de nuestro oro, no se trata de la pirita, ni del oro vulgar reducido a limaduras o a polvo. Nuestro oro es un producto que nosotros elaboramos a través de «nuestra Agua viscosa y seca», primera materia de los metales. 

Toda vez que se refieran a ello, debemos tener la precaución de no ir a buscar materias específicas del reino y hacer amalgamas esperando vanamente encontrar algo. El Trevisano os lo dirá, lo mismo Nicolas Valois entre otros muchos.  Multitud de alquimistas aconsejan despreciar las materias vulgares, sales, antimonios, cinabrios, aceites vegetales, piritas y vitriolos, sino ir directamente a la fuente de donde mana todo.